- Casa Torre de los Alzola
- Pórtico del cementerio de Olaso
- Parroquia de San Bartolomé
- Casa Consistorial
- Balneario de Altzola
- Caserío Zabalatorre
- Ermita de Idotorbe (San Pedro)
- Ermita de Azkue (San Roke)
- Ermita de Sallobente – Ermuaran
- Ermita de Aiastia – San Migel
- Antiguas escuelas del padre Agirre
- Frontón de Kalegoen
- Convento de Santa Clara
- Iglesia San Juan de Altzola
- Arco de los Muguruza
- Arco de Jausoro
- Iglesia de Santa María Magdalena
Casa Torre de los Alzola, SXV
Torrekoa se encuentra en el centro de la villa, en la plaza Kalebarren. Primero fue torre de Ronda, a finales del siglo XV se le denominó casa torre de Arriola, y a finales del siglo XVI de los Altzola.
Desde el punto de vista arquitectónico esta casa torre es un edificio noble, señorial y elegante, que en 1964 fue declarado monumento histórico-artístico de Gipuzkoa y, por decreto del 10 de noviembre de 1980, del Estado. Asimismo, el Gobierno Vasco por orden del 6 de abril de 1998, el Casco Histórico donde se encuentra ubicado este edificio, fue inscrito como Bien Cultural, con la categoría de Conjunto Monumental, en el Inventario General de Patrimonio Cultural Vasco.
Destacaría los siguientes elementos arquitectónicos de este hermoso edificio: el orden de ventanas y balcones en las cuatro fachadas; el arco de medio punto de tipo renacentista, aunque más tardío, en la fachada principal; el arco rebajado del sótano y los dos arcos geminados de los pisos superiores, en la fachada este; el arco ciego y las cuatro modillones salientes, en la fachada norte; el amplio alero de madera, la cornisa decorada a base de pequeños prismas de piedra y el entramado de madera que tiene encima; cubos y garitones en las cuatro esquinas debajo de la cornisa; el escudo de armas (instalación promovida por el capitán Bartolomé de Altzola en 1604) y el reloj de sol que se encuentran en la esquina derecha de la fachada principal.
El hecho de estar situada esta casa en el núcleo urbano, ha hecho posible que ofreciera a la villa una serie de servicios en épocas diferentes: casa de los franciscanos en 1516 antes de construir el ya desaparecido convento de San Francisco, reuniones de urgencia en momentos angustiosos (en 1560, por haberse quemado la Casa Consistorial, con el fin de elegir el alcalde y los regidores), cuartel militar (en 1823 los liberales la fortificaron, ante los ataques de los absolutistas), escuela de La Salle a comienzos del siglo XX, correos, teléfono público, local de la banda de música etc. Hoy en día es la Casa de Cultura de la villa.La casa torre de Kalebarren tiene una historia larga y significativa, siendo, como es, anterior a la creación de la villa. Si bien, cuando se hizo la muralla (1346) quedó fuera de ella, en 1484, el Concejo, por una parte, y Juan Ochoa de Burunano, dueño de Torrekoa y su yerno, Rodrigo Gonzalez de Karkizano, por otra, llegaron a un acuerdo para que la casa se albergara localizara dentro del recinto amurallado. Hacia mediados del siglo XV, los nombrados Juan Ochoa de Burunano y Rodrigo de Karkizano fueron los primeros titulares que conocemos de esta casa.
Sin embargo, estando esta casa torre tan cerca del murallón y del reloj público instalado por el Concejo, en varias ocasiones provocó las protestas de los moradores de esta residencia. Por ejemplo, el 29 de setiembre de 1589, el capitán Bartolomé de Altzola, comunicó al Ayuntamiento que el edificio que iban a construir para abrigar las pesas del reloj no respetaba el acuerdo de 1484. De la misma forma, el 13 de octubre de 1715, Maria Luisa de Arespacochaga Alzola, protestó al Concejo por la torrecilla del reloj recién construida, y la villa decidió acudir a los tribunales. Y, el 9 de mayo de 1844, Carmen de Jusue, viuda de Pedro de Iturria y dueña de esta casa torre de Kalebarren, exigió al Ayuntamiento que desmontara la “casuca pescadería”, por haberla construido en lugar no legítimo, pegante a la casa torre.
Gracias a las investigaciones realizadas por Javier Elorza, sabemos que el matrimonio formado por Rodrigo Gonzalez de Karkizano y Maria Fernandez de Burunano, vendieron los restos de la casa torre y el solar en 1487 a Pedro Miguelez de Arriola, y a continuación, Arriola construyó una casa torre nueva. Algunos elementos constructivos de esa época se pueden ver en la fachada este.
El escribano Lope Pérez de Lasalde casó con Maria Martinez de Arriola en la primera mitad del siglo XVI, y al no tener descendencia, adoptaron por hija a su sobrina Catalina de Ibarra, en Torrekoa. Catalina al casarse con Ascensio de Altzola en 1549, su tío Lope Pérez de Lasalde donó a los recién casados además de la casa torre todos sus bienes.
Catalina y Ascensio crearon mayorazgo en 1564 con los siguientes bienes: Torrekoa y su huerta; la capilla (de la Cruz) del monasterio de San Francisco, la casa de Andicano (Andikao), casería y molinos; la casa de Ermua bekoa (Ermube) (Sallobente-Ermuaran), tierras y molinos; la casa y casería de Otsaurteaga (Otsourteaga); la casa y molinos de Plaza (Mendaro); la casa, tierra y manzanal de Albitxuri (Albitzuri); y 225.000 maravedis puestos en las alcabalas (impuesto establecido al comercio) de la ciudad de Burgos. Sin lugar a duda, Ascensio y su hijo Bartolomé, fueron los titulares más conocidos de Torrekoa y los que más sobresalieron en los campos social y económico.
Ascensio de Altzola nació en el barrio Altzola de Elgoibar y desarrolló su actividad desde el puerto fluvial de este enclave, siendo uno de los hombres más señalados de la familia de mercaderes de los Altzola. Con el fin de desarrollar el comercio a larga distancia tuvo tres galeones, de tal forma que tuvo relaciones comerciales no solamente con Euskal Herria sino también con Sevilla, Portugal, y con Honduras, México y Santo Domingo del continente americano. Para llevar a cabo estos negocios se asoció con mercaderes y banqueros de aquella época, tales como Pedro Durango, Martín Lizarraras y el italiano Gerónimo Catano. Ascensio además de ser mercader y capitán, fue alcalde en los años 1564 y 1565.
A modo de curiosidad, os diremos que el capitán Ascensio tuvo a su cargo un joven negro de nombre Antonio, posiblemente traído en uno de sus viajes comerciales. Los dos, amo y criado, juntamente con otros trescientos cuarenta y dos elgoibarreses estuvieron presentes en el puente mayor de la villa el 21 de setiembre de 1555, recibiendo al obispo de Calahorra y La Calzada Juan Bernal de Luco. En aquel entonces la parroquia de San Bartolomé de Olaso estaba bajo la jurisdicción de esa diócesis con sede en la Rioja y el eclesiástico acudía a realizar la habitual visita pastoral a nuestra villa.
Una vez fallecido Ascensio en 1572, su hijo Bartolomé continuó el camino legado por su padre, asociándose entre otros con el famoso mercader y militar Antonio de Okendo, en la última década del siglo XVI. Fue también alcalde de la villa, como su progenitor, durante los años 1589, 1590, 1601 y 1602. Una vez fallecido Bartolomé, se perdió el apellido Altzola en Torrekoa, siendo propietarios desde el siglo XVII al siglo XX, titulares apellidados Arriola, Arespacochaga, Lizaranzu, Josue e Iturria. Éste fue el patrimonio que tuvo esta familia, cuyo representante en 1812 era Liborio Josue: “la torre de Calebarren (cuartel de la tropa), la de Lizenciacua, la que vibe Ygnacio de Aguirre, la de Migel de Mendecute, la torre de Andicano, iden el Molino i la Barrena, Otsaurtiaga, Ercil, Albizcua Alzola, Yturrondo de iden, Malaga, Yraizabalcho, Goicoechea, Andicoechea, Yraeban, Garañocua o Capaguingoa, Sustaeta, Cortaberri, Molino Plaza, Ermuaran abajo, San Lorenzo y Eizaguirre”.
A comienzos del siglo XX el Ayuntamiento quiso comprar esta casa emblemática, ante la necesidad de locales, y consensuó su adquisición con el propietario de aquel momento, Manuel Iturria.
Pórtico del cementerio de Olaso SXV
Esta bella portada es el único espacio arquitectónico-escultórico que se conserva de la antigua parroquia de San Bartolomé de Olaso. En palabras de la madre Arrazola (1912-1995), experta investigadora del arte vasco, este pórtico representa una muestra significativa del estilo gótico vasco, que tiene relación con la portada de Santa María de Deba. A su entender, el autor del atrio de la villa costera se inspiró en el de Olaso. Al cronista vasco Carmelo Etxegarai (1865-1925), le pareció esta de Olaso una hermosa portada y la comparó con la de la parroquia de Santa María de Gernika.
El medievalista Javier Elorza, nos informa en su libro (“Villamayor de Marquina”, llamada Elgoibar. Historia Medieval de Elgoibar y Mendaro. Siglos XIII-XVI.), que fue un tal Sancho de Enparan el artífice de esta portada, aunque con anterioridad se sabía que este maese Sancho (Enparan) fue el responsable de su construcción en el año 1459, tal como figura en la inscripción existente sobre el parteluz o columna central que divide la puerta de acceso al actual cementerio. Las paredes de este ancho pórtico de planta cuadrada son de piedra sillar caliza, con pequeños contrafuertes en los esquinales delanteros, pero inexistentes en los traseros. Estos fueron eliminados para poder habilitar las tumbas del camposanto, para lo cual se ocupó el espacio de la antigua iglesia. En los cuatro lados de este pórtico se dispone un arco apuntado y encima de ellos, otros tantos arcos ciegos. Si bien hoy en día este atrio cuenta con cubierta de madera, antiguamente dispuso de una bóveda de crucería debajo de aquella, tal como se puede constatar por los arranques de los arcos y nervios existentes. Asimismo, por el lado donde se ubica la portada, los dos arranques de arcos y nervios están decorados en cada lado con pequeñas y similares figuras escultóricas: dos rostros humanos y una grotesca representación zoomorfa en la que destaca su truculenta dentadura. Un tejado a dos aguas completa la cubierta, rematada por pináculos en cada uno de los ángulos y con una cruz en la parte delantera.
La elegante puerta abocinada de esta primera parroquia de Elgoibar, presenta arquivoltas apuntadas góticas y un mainel o parteluz que se sustenta en jambas. Esta puerta está dividida en dos huecos o vanos articulados mediante un arco escarzano. Sobre ella se dispone un tímpano ausente de decoración. A pesar de que el mainel o columna central cuenta con pedestal y doselete, falta en él la originaria imagen de la Virgen María, que desapareció hace mucho tiempo. El nombre de maese Sancho y la fecha de 1459 (año de ejecución de la portada) aparecen inscritos en la bordura superior de este doselete central.
Por su parte, las arquivoltas y las jambas están decoradas. La primera arquivolta exterior se inicia al par de la imposta, y presenta una figura monstruosa en los arranques de ambos lados, junto con decoración vegetal de hojas. Encima de ella, se localizan otras siete representaciones de monstruos. Más arriba se alinean seis doseletes sin figura alguna y a los dos lados de la pared, otros tantos pedestales. Adornando las dos arquivoltas, se nos muestran cada diez pequeñas figuras de santas y santos.
Los investigadores Fernando Pérez de Suescun y María Victoria Rodríguez López, en su obra titulada “Iconografía de las santas en el País Vasco. Las portadas de Deba, Elgoibar y Laguardia”, han identificado a cinco de las santas de la portada de Olaso, dispuestas en la primera arquivolta interior: la primera figura, comenzando por la izquierda, corresponde a Santa Margarita de Antioquía o Santa Marina (con corona, con las manos unidas y saliendo de un dragón); la tercera, a Santa Águeda (con un libro y sus pechos en una copa); la octava, a Santa Lucía (sus ojos en una copa), aunque ésta ha sido relacionada a menudo con Santa Águeda; la novena, a Santa María Magdalena (con un libro en la mano derecha y el bote de perfumes o ungüento); y la décima y última, a Santa Catalina de Alejandría (con los atributos de la corona, rueda de cuchillos y espada que clava en un personaje).
Si bien antiguamente existían seis esculturas de santos de tamaño natural en las jambas, hoy en día sólo existen cinco, pues la asentada en el extremo derecho ha desaparecido. Comenzando por la izquierda, las cinco restantes son las siguientes: San Sebastián, San Juan Bautista, San Pedro, Santiago y San Bartolomé (ésta última tiene grabada en su pie lo siguiente: Ihoannis de Acha me fecit, es decir, me hizo Joanes de Acha). Parece ser que las dos esculturas de los extremos no se esculpieron para este espacio, y fueron colocadas posteriormente.
Existen también otras inscripciones además de las citadas hasta ahora, aunque éstas son jaculatorias o invocaciones, como, por ejemplo: “Amén. Ihesu Christus” eta “Ave Maria gratia plena”.
Asimismo, en el tímpano se dispusieron inicialmente las esculturas en piedra de Cristo, los dos Ladrones y Longinos (el centurión al servicio de Roma) en el monte Calvario, sin embargo, hoy en día carece de figuras, y una serie de angrelados formando un arco apuntado protege este espacio por el interior. Posiblemente esta portada fue coloreada cuando la construyeron, y sabemos, con certeza, que la policromaron durante el Renacimiento y también en el siglo siguiente. Sin lugar a dudas, el colorido le proporcionaría una gran vistosidad, tal como se puede apreciar en las portadas de Santa María de Deba (restos de policromía) y, sobre todo, en Laguardia (Araba).
Además de dorar y pintar las esculturas de esta portada de Olaso, el pintor Francisco del Cresal, residente en Lekeitio, esculpió entre agosto y diciembre de 1537, las figuras que faltaban en este tímpano (los dos ladrones que mortificaron junto al Crucificado, Longinos y el monte Calvario). Lo ejecutado por el artista Cresal, fue examinado por el maestro pintor Diego de Araoz, hermano del famoso escultor Andrés, en vísperas de Navidad de aquel año, valorando éste el trabajo realizado en 64 ducados de oro (8 reales por ducado), aunque al final el autor percibió tres ducados más. De todos modos, antes de verificarse el pago, Araoz impuso a Cresal las siguientes condiciones: que terminara el tabernáculo que estaba encima de la Virgen; que ejecutara las molduras de debajo de la Cruz, y que pintara los dos arcos y vasos que estaban imprimidos. Asimismo, que el paño que tenía que cubrir esta obra de arte, se decorara con las insignias de la Pasión, y que el tabernáculo se policromara de oro, los arcos y las molduras de jaspe y, el resto, de blanco.
El citado Cresal que se encargó de decorar esta portada de Olaso, parece que era familiar de Juan García del Cresal, artista que se responsabilizó del taller de policromía (pintores franceses y flamencos) del retablo de Santa María de Lekeitio entre los años 1507 y 1512.
En lo que respecta al pintor y dorador Diego de Araoz, debemos apuntar que fue un artista importante y aunque trabajó a la sombra de su hermano escultor Andrés, tuvo su propia trayectoria y personalidad en el mundo del arte. Fue un prolífico pintor sobre todo entre los años 1551 y 1575, y trabajó en Gipuzkoa, Araba, Navarra y La Rioja. Pero fueron muchos los artistas en esta familia, empezando por el presunto padre de éstos, de nombre Pedro, que ejerció como pintor y dorador en Gasteiz y su comarca. Por su parte dos hijos de Andrés (San Juan y Andrés II) continuaron el camino del padre, así como también un hijo de San Juan (Andrés III). Tal como ocurrió en otros lugares, los citados Andrés, Diego y San Juan, trabajaron conjuntamente en el retablo mayor de la iglesia de San Andrés de Eibar.
También en aquel momento, el imaginero de la merindad de Busturia, Rodrigo de Muniaran, compuso la antigua escultura de piedra de la Virgen María que estaba en el mainel, en el centro de las dos puertas de la portada de Olaso. También le recompuso la corona a la Virgen y le restituyó una mano que le faltaba. Los mayordomos le pagaron a Muniaran y a su criado, por el trabajo de seis días, 3 ducados, además de los gastos de materiales y de alojamiento.
El 23 de junio de 1613, volvieron a poner en subasta pública la pintura de la portada, cuando habían pasado sesenta y seis años desde la anterior ejecución y, sin duda, estaría necesitada de ser restaurada. Antonio de Bolunbiskar, vecino de la villa de Ermua (Señorío de Bizkaia), fue el encargado de imponer las condiciones y concreciones del trabajo a realizar, presentándose dos artistas a la subasta: el citado Bolunbiskar y un tal Pedro de Etxebeste, que además de maestro pintor, era sacerdote. Bolunbiskar ganó la subasta, comprometiéndose a realizar la ejecución en 665 reales. Debía de terminar para el día de San Bartolomé de ese mismo año y corrían a su cuenta las tintas, colores y todos los materiales necesarios. En el documento se especifican los colores que el artista debía emplear en cada figura Así, por ejemplo, Cristo, los Ladrones y las caras y manos, de color carne; la cruz de Cristo, en oro y azul; las dos cruces de los lados, de color de madera; la Virgen que estaba en el mainel, color oro en el interior y de azul por encima; las puertas principales de verde. En cuanto a la técnica pictórica debía de utilizar el óleo.
Parroquia de San Bartolomé, S.XVIII
Entre las razones que esgrimieron las autoridades para trasladar la parroquia de Olaso a Kalegoen, estaba la incomodidad que suponía para los feligreses lo apartado de aquel lugar. Este argumento lo utilizaron frecuentemente, incluso anteriormente al siglo XVII. Y es que aproximadamente un siglo antes de que se fundara “Villamayor de Marquina” (Elgoibar) (1346) como villa amurallada (entre Kalegoen y Kalebarren), en Olaso existía una iglesia donde era el punto de residencia de los señores del lugar. Por ello los reyes de Castilla concedieron a los Ganboa el patronato de la parroquia de San Bartolomé.
El 21 de abril de 1604, el Concejo por mayoría decidió acercar la parroquia al casco urbano, consiguiendo la licencia el 23 de enero de 1617, gracias a la Cédula Real dada por el rey Felipe III. Sin embargo, a consecuencia de que el pueblo sufrió un devorador incendio el 24 de marzo de ese año (viernes santo) se retrasó el comienzo de las obras de la iglesia nueva.
En 1621 decidieron erigir una iglesia provisional, en el mismo lugar elegido para la construcción de la parroquia nueva. En 1627 finalizaron la ermita de San Bartolomé construida de madera y ladrillo (25 metros aproximadamente de largo, 14 metros aproximadamente de ancho en el crucero y 10 metros aproximadamente de ancho en la nave), y el 21 de diciembre de ese mismo año, trasladaron a este lugar el santísimo sacramento para el culto, habiéndolo traído de la ermita de la Magdalena. Este edificio tubo que derribarse una vez que avanzaron las obras de la nueva iglesia.
Las obras de la iglesia nueva se prolongaron mucho en el tiempo, distinguiéndose varias fases. El primer arquitecto en tomar parte fue Juan Martinez de Agirre en 1646, diseñando él los planos de la iglesia. Los primeros canteros que intervinieron fueron Juan Ansola de la localidad de Etxebarria y Martín de Garatetxea vecino de Elgoibar, con el compromiso de ejecutar los cimientos y levantar el crucero. La obra fue muy lenta, surgiendo problemas y dándose interrupciones; además en las paredes construidas aparecieron defectos y grietas.
El arquitecto de la segunda etapa fue Lucas de Longa, de Mendaro (Elgoibar), y tuvo como ayudante a su hijo Rodrigo. Longa el 3 de febrero de 1693 firmó el contrato de obra y presentó nuevos diseños. Lucas murió en abril de 1703 y su esposa continuó con la obra hasta 1708, finalizando el contrato firmado por su marido. Éstos fueron los responsables de la construcción de la iglesia y la sacristía que da al poniente, mientras que en la etapa anterior solo habían levantado los muros del crucero.
En 1710, el carpintero de Azkoitia Francisco de Aristondo, hizo la cubierta de la iglesia, siguiendo los diseños y las orientaciones de Lázaro de Lizardi, de Asteasu. Asimismo, cuatro años después construyeron una torre de madera con el fin de resguardar las campanas y el reloj. Por otra parte, entre julio y diciembre de 1716, Ignacio Uzelai de Azpeitia, construyó las bóvedas, y las revocó y enlució, además de las paredes. Por fin, el 30 de diciembre de 1716 se dio la primera misa, cuando todavía estaba construido solo parte del templo actual.
En los años siguientes se construyó el baptisterio, el bajo coro y el coro, y se comenzó a adornar el interior de la iglesia: las rejas del púlpito y del coro (A. Elorza), los retablos de la Virgen del Rosario, de la Cruz y de las Ánimas, entre otros. Además, se trajeron dos retablos de la parroquia de Olaso, y el elgoibarrés Ignacio de Arana pintó los cuatro doctores en las pechinas de la iglesia nueva.
Entre los años 1730 y 1746 construyeron la fachada principal, el primer piso de la torre, los claustros, la sacristía nueva y las bóvedas de la escuela de Cristo. A continuación, ya en otra etapa, los arquitectos Ibero (Ignacio y Francisco, padre e hijo) adquirieron protagonismo. El Concejo decidió cambiar el diseño de la torre realizado por Longa, y encargó a los Ibero la construcción de otro modelo de torre de campanas, siendo levantado este emblemático símbolo para los elgoibarreses, entre 1748 y 1756.
Los claustros se terminaron definitivamente en 1764, una vez que revocaron y enlucieron las catorce bóvedas, y también fueron ejecutados el pavimento y los ocho asientos.
La sacristía nueva, juntamente con la balaustrada de piedra de los dos tejados de la fachada principal, fueron los últimos trabajos constructivos de la parroquia de San Bartolomé de Kalegoen, si exceptuamos la casa del párroco y los locales parroquiales. El 23 de diciembre de 1776 se suscribió el contrato y hacia 1779 finalizaron estas obras, siendo realizados los diseños y puestas las condiciones por Francisco de Ibero. A su vez, el arquitecto Miguel Antonio de Sarasola de Zestoa, diseñó las bóvedas y fijó las condiciones para ejecutar la sacristía nueva, proponiendo una nueva distribución de aquel espacio. Por fin, la sacristía tuvo una nueva intervención en 1807, siendo el arquitecto Pedro Manuel Ugartemendia el que dirigió los trabajos de cantería, albañilería, carpintería y rejería.
La iglesia de San Bartolomé es de planta de cruz latina, tiene una sola nave y la torre está a los pies del templo. El crucero está cubierto por una cúpula semiesférica y por medio de las pechinas el peso recae en cuatro pilastras rematadas con capitel dórico. Por otra parte, el resto de las bóvedas son de cañón con lunetos, estando asimismo sostenidas por pilastras dóricas. Al haberse respetado el proyecto de Longa hasta finalizar el coro, debemos decir, que prevalece la sobriedad en el interior, influencia del primer barroco, puesto que en ese estilo se formó este arquitecto de Mendaro (Elgoibar). Por fin, en la torre de campanas se da una ornamentación abstracta, tendiendo a la simplificación geométrica, que enlaza con el posterior estilo neoclásico.
Hoy en día en la parroquia de San Bartolomé existen los siguientes retablos: el dedicado al patrón principal San Bartolomé, en el altar mayor; el del Sagrado Corazón niño y del Rosario, en el lado izquierdo del crucero; los de San Antón y Vera Cruz, en el lado derecho del crucero; el de las Ánimas, en el lado izquierdo de la nave longitudinal; y el de la Inmaculada, en el lado derecho de la nave longitudinal.
El retablo de San Bartolomé fue diseñado por Ignacio de Haan (Alicante), en estilo neoclásico con vestigios barrocos, y fueron los arquitectos Francisco de Ugartemendia y Francisco de Justiniani los que llevaron a buen término su ejecución en 1791. Juan Bautista de Mendizabal de Eibar, esculpió la estatuaria y Valentín de Aranbarri de Vitoria-Gasteiz, pintó y doró todo el retablo.
Los cuatro retablos laterales (Corazón de Jesús niño, Rosario, San Antón y Veracruz) fueron diseñados por Pedro Manuel de Ugartemendia en estilo neoclásico y, su padre, Francisco de Ugartemendia, los ejecutó. Respecto de la escultura, parece ser que la hizo el eibarrés Juan Bautista de Mendizabal, y de la doradura y pintura se encargó Juan José de Lanz, de Bera (Navarra).
El 9 de noviembre de 1722 fundaron en la iglesia de San Bartolomé de Kalegoen la cofradía de las Ánimas del Purgatorio, y en aquel momento ya existía un retablo bajo la citada advocación que, posiblemente, se trajo de Olaso. Los cofrades contrataron a Rafael de Zabalia el 12 de junio de 1726, para construir un retablo nuevo (de estilo barroco con vestigios del rococó). La falta de dinero supuso la no finalización de este retablo hasta aproximadamente el año 1732.
El retablo de la Inmaculada se llevó de la iglesia de San Francisco a la parroquia de San Bartolomé, una vez que derribaron aquel templo conventual en 1926. Este retablo barroco hizo construir el mercader elgoibarrés Antonio de Arregia, para la capilla nueva que encargó ejecutar el año 1628.
Ayuntamiento (S.XVIII)
Este elegante edificio de estilo barroco tardío se encuentra en la plaza de Kalegoen. Juntamente con la pared izquierda del frontón cierra un lado de la hermosa plaza barroco-neoclásica.
Los elgoibarreses decidieron construir el ayuntamiento nuevo y el frontón en las huertas propiedad de Simón de Muguruza y Joseph de Aguirre, el 10 de noviembre de 1726, y con este fin permutaron estas tierras por otras comunales.
El monarca del estado español Felipe V, concedió la licencia para la construcción de la casa concejil el 22 de mayo de 1728.
En esa ocasión, también, hubo quien dio dinero en préstamo, sin cobro de intereses. Fue el elgoibarrés Francisco de Hemasabel, residente en Venezuela, enviando 500 pesos (de 8 reales cada uno) a comienzos de 1736. Y puso como condición que, al cabo de seis años, se entregaran los 4.000 reales (500 pesos) a su madre que vivía en Elgoibar.
Su construcción se terminó en 1737 y tuvo una inauguración solemne, puesto que a comienzo de mayo se reunieron en el nuevo ayuntamiento las Juntas Generales de Gipuzkoa. El maestro cantero Antonio de Larraza, comenzó a sacar los cimientos diez años antes, y su hermano Tomás realizó el resto del trabajo de cantería, hasta finalizarlo. Utilizaron piedra caliza sillar de las canteras de Zabala y Momiola. El trabajo de carpintería y ebanistería corrió a cargo del bergarés Ignacio de Echeverria y del elgoibarrés Gregorio de Aguirre. Echeverria se ocupó de los tejados, suelos y otras labores; Aguirre, por su parte, realizó las ventanas, los modillones, etc.
Los primeros planos del edificio fueron diseñados por Sebastián de Lecuona. Asimismo, el arquitecto azpeitiano Ignacio de Ibero, dibujó en 1744 los planos de la galería trasera, aleros y frontis de los soportales con su asiento de honor (frontis del Kontzejupe). Por fin, Francisco de Ibero, hijo de Ignacio, realizó en 1754, el escudo de armas de la villa y los adornos que están a ambos lados, tras diseñarlos con anterioridad.
En lo que respecta a la arquitectura, destacaría los siguientes elementos arquitectónicos: los soportales sobre arcos de medio punto; los dinteles y, encima de ellos, el frontón clásico de estilo Palladio, cobijando el escudo de armas y los adornos de ambos lados, en la primera planta; y además, los adornos de modillones de los aleros y los magníficos trabajos en hierro forjado de balcones y ventanas, siendo estos últimos forjados por el gran maestro Gregorio de Aguirre. Aparte de esos elementos de la fachada principal, es de justicia valorar estéticamente también la galería con tres arcos de medio punto de la fachada trasera.
De este modo, formas dinámicas y estáticas se van combinando a lo largo del edificio, siguiendo las proporciones académicas y utilizando la decoración con mesura. También apuntar que, en este edificio de planta rectangular, se tomó como modelo el de otros muchos ayuntamientos de Euskal Herria.
Respecto del escudo de armas de la villa, es de mencionar que fue en 1498 cuando los Reyes Católicos concedieron a la villa de Elgoibar la licencia del diseño de este blasón.
Para finalizar, vamos a mencionar las declaraciones que como monumento ha recibido este edificio. Por orden de 17 de enero de 1964, se declaró monumento provincial de interés histórico-artístico y por orden de 17 de julio de 1984, se declaró monumento del estado. Asimismo, por orden de 6 de abril de 1998, la zona arqueológica del Casco Histórico, donde está enclavado este edificio, fue inscrita por el Gobierno Vasco como Bien Cultural, con la categoría de Conjunto Monumental, en el Inventario General del Patrimonio Cultural Vasco.
Balneario de Altzola
El antiguo balneario Urberuaga se ubicaba en Alzola, a la margen izquierda del río Deba, al final de la alameda. Hoy en día el edificio que fue balneario es una planta industrial que embotella y comercializa el agua de distintos manantiales, de la marca “Alzola”.
Desde el punto de vista arquitectónico, se trata de tres edificios construídos en épocas diferentes de la segunda mitad del siglo XIX, y unidos entre sí en forma de “L”. El edificio primitivo es la parte correspondiente al lado más pequeño de esta “L” y, a continuación de éste, se levantaron los otros dos. La parte más antigua se construyó en 1846 y es el primitivo edificio: la entrada de la planta baja tiene pilares de sillares y se conserva aún una anilla; en el interior está el salón de columnas y más adelante la capilla; en el sótano, la galería de balneoterapia que se accede a ella por una escalera de mármol de Carrara; en el primer piso un amplio y elegante comedor, entre otras estancias.
Pero, la mayor parte de los servicios se encontraban en el siguiente edificio. En el piso bajo, la administración, la consulta médica y el salón; en el primer piso, la cocina y el comedor. Por fin, en los pisos superiores estaban las habitaciones. En 1875 podían hospedarse al mismo tiempo 180 personas. Los tres edificios tenían sus fachadas decoradas: muchas ventanas y puertas (adinteladas y en arco) ordenadas en eje y decoradas con platabandas, constituyendo un conjunto de aspecto cuidado, ordenado y armonioso.
El primer paso para la existencia del balneario lo dió Francisco Planzón, médico de Elgoibar, en octubre de 1775. Planzón comunicó al Ayuntamiento que en el barrio de Altzola debajo de una casa surgía un manantial de agua caliente que podía ser beneficioso para la curación de algunas enfermedades, comparándolo con el agua curativa de Zestona. A continuación, gracias a las excavaciones ordenadas por el Ayuntamiento, unos geólogos franceses encontraron varios manantiales con temperaturas diferentes.
El ex alcalde Pedro Manuel Atristain, registró a su nombre de forma oficial los manantiales de agua caliente en 1844, a pesar de encontrarse en terreno comunal. En 1845, tras el consenso alcanzado por Atristain y el Ayuntamiento, al ex alcalde se le reconoció el derecho de propiedad sobre los manantiales y, a cambio, los elgoibarreses tendrían algunas ventajas en el balneario que Atristain proyectaba construir.
Una sociedad impulsada por Atristain (J. M. Arakistain, director, P. M. Atristain y el médico G. E. Osoro eran del grupo directivo) construyó el balneario en 1846, en el lugar donde estaba el caserío Etxezuria, y a continuación lo arrendaron. Al poco tiempo, se vieron en la necesidad de hacer una ampliación, por lo que suscribieron la oportuna escritura con el contratista elgoibarrés José Barrenetxea, el 16 de setiembre de 1849. Los planos y las condiciones del edificio los diseñó el arquitecto bergarés Mariano José Laskurain, poniendo como plazo de entrega el 25 de mayo del siguiente año. El presupuesto ascendió a 44.900 reales de vellón.
Antes de otorgar la escritura de las obras, la sociedad compró los siguientes solares en el mismo Altzola: A José María Arakistain, un solar al lado del puente de 11 posturas cuadradas, en el lugar que existió una casa (ermita y hospital de San Antón), que la riada del 30 de junio de 1834 destruyó, y que perteneció al mayorazgo de Lastur; A Manuel Unzueta, propietario de la casa Zestagingoa que se llevó la riada, y que estaba delante del balneario, encima de la peña caliza; al mismo Unzueta también un trozo de tierra de 342 pies de largo, para abrir el camino al balneario, desde la casa Iturria o Montarrai, hasta la casa Orzeria.
Cuando aún estaban sin terminar las obras de ampliación, el 8 de abril de 1850, la sociedad arrendó a Pedro Kuruzelaegi la explotación del balneario para dos años. Kuruzelaegi se comprometió a pagar a la sociedad, 10.000 reales anuales.
De nuevo se hicieron obras de ampliación doce años después. Para entoces el propietario del balneario era Feliciano Martinez, residente en la capital del reino, que en 1861 lo había comprado a la sociedad por 463.000 reales. La dirección de las obras recayó en José Barrenetxea, y los canteros fueron José Agustín Etxeberria y Manuel María Iziar, de Deba.
En 1881 Francisca Hernanz Pérez, viuda de Feliciano Martinez, era la propietaria del balneario, de tal forma que el 16 de mayo de ese año arrendó el edificio a Domingo Oñate Moya, Marcelino Zendoia Atristain y Santiago Ibarrola Erauskin, quedando a cuenta de la propietaria las aguas termales, bañeras, establos, cocheras, billar y capilla. En 1885, los señores Claudio Herranz y Felipe Sanz, fueron los que compraron el balneario.
La familia Zendoia lo adquirió en el siglo XX y fue la que tuvo que cerrar el negocio en la década de los sesenta del mismo siglo. Además del balneario, sus propietarios edificaron a finales del siglo XIX, una casa nueva (“Sucursal”) al lado del puente del lugar.
En el barrio de Altzola, aparte del balneario se fueron abriendo también hoteles y pensiones para los muchos bañistas que acudían. Además de estos hospedajes, en algunas casas particulares acogían a enfermos, alquilándoles habitaciones.
Los baños termales de Alzola tuvieron un gran renombre a nivel del Estado desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, aunque conocieron épocas de esplendor y crisis entre esas dos fechas, sobre todo durante los períodos de guerras (La Carlistada de 1872 a 1875 y la Guerra Civil de 1936 a 1939). Pero hay que recordar que durante las dos guerras citadas, el hotel balneario fue hospital de sangre, al igual que algunas de las pensiones existentes.
En algunas temporadas acudían a Altzola (llamada Madrid txiki), alrededor de 2.000 bañistas, ya que la terapia termal además de ser necesaria estaba también de moda entre las clases poderosas. Para acoger a esa numerosa población, Altzola contó con la siguiente infraestructura hotelera, además del hotel balneario Alzola: Larrañaga, Boulebard, Alzola, Zelaia, Albizkoa, Ituarte, Sebastiana, Leocadia, Juliana y Dolores. Entre las personas más famosas que acudieron a Alzola, están las siguientes: los jefes de gobierno Sagasta y Maura, así como Oriol, Ullastres, Cervatani y Rodriguez Valcárcel, ministros del dictador Franco.
ARRENDAMIENTO DE 1850
Condiciones que deberá observar el rematante de los baños y casa de Hospedería de Urberuaga de Alzola en el tiempo que dure su arrendamiento y son las siguientes:
3- La Sociedad entregará al rematante.... los muebles siguientes: 20 cujas de hierro, 40 colchones, 40 almohadas, 20 mantas de algodón, 20 mesas para los cuartos, 20 cajas de noche, 20 palanganeras, 20 espejos, 10 docenas de sillas, 2 sillas de mano, una mesa de villar con sus enseres, 4 docenas de cubiertos de plata y sus dos cucharones, 20 palmatorias y 4 candeleros de bronce.
7- El rematante tanto para tomar baños, como aguas, no podrá exijir mas que las cantidades que se señalan en la tarifa siguiente. Para los que habiten en el Establecimiento: Por cada baño natural, sin calentar cinco reales vellón. Por id...............y caliente seis reales de vellón. Por cada sabana del establecimiento un real por baño. Los que tomen aguas medicinales y estén al mismo tiempo tomando baños veinte reales por la temporada. Por cada día que tomen aguas medicinales, los enfermos que no se bañen dos reales diarios. Para los que habitan fuera del establecimiento: Por cada baño natural seis reales de vellón. Por .....id..... caliente siete reales de vellón. Por la sabana del establecimiento un real, pero podrán llevar los enfermos si quieren de sus casas. Por los que tomen baños y aguas al mismo tiempo, se les exigirá por estas tres reales diarios. Por los que tomen solo aguas se les exigirá cuatro reales diarios. Por cada azumbre de agua que se lleven fuera del Establecimiento y de la Poblacion de Alzola exijirá el rematante dos reales de vellon, pero sera obligacion suya el sacrear las botellas y sellarlas con el sello del Establecimiento.
11-Sera preciso cargo del arrendatario el atender a todos los gastos que origine la bomba....
16 de marzo de 1850
Caserío Zabaletorre
Se encuentra en una colina del barrio de Arriaga, mostrando un aspecto defensivo sólido medieval.
Los propietarios de esta casa torre han tenido un gran mérito por haber sabido conservar muchos elementos de su arquitectura original, a pesar de los muchos años transcurridos. He aquí los más relevantes: los dos arcos apuntados de la entrada de la fachada este, los tres pares de ventanas con arcos geminados apuntados y una fila de modillones en la misma fachada este; el arco apuntado ciego de la entrada, la fila de modillones y dos saeteras de la fachada sur; la entrada adintelada, dos saeteras, dos arcos apuntados, cuatro pares de ventanas con arcos peraltados y una fila de modillones en la fachada norte; los seis arcos peraltados, un matacán de sillería apoyado en tres ménsulas con modillones, y una fila de modillones en la fachada oeste.
En investigaciones llevadas a cabo por el historiador medievalista J. Elorza, antes de que se fundara la villa de Elgoibar (Villamayor de Marquina, 1346), ya existía esta casa Zabala. Los hijos de Pero Sánchez de Zabala, señor de este solar de su apellido, compraron la casa solar de Karkizano en 1292. En 1451, Rodrigo Ibáñez de Zabala era el propietario de esta casa-torre. Por su parte, Fernando de Zabala, titular de este edificio, se mostró muy dadivoso con el recién fundado convento de San Francisco de la villa, en 1516. De ahí que los moradores de esta casa tuvieran en la iglesia de este convento de San Francisco una sepultura, la primera situada a la parte del evangelio.
En el primer cuarto del siglo XVII, María Antón de Zabala, esposa de Domingo de Amuskotegi, además de heredar el mayorazgo de Zabala, heredó también el mayorazgo de Karkizano.
La poderosa casa-torre de Zabala se convirtió con el tiempo en caserío, y en noviembre de 1892 sufrió un importante incendio. Entonces vivían en la misma dos familias que quedaron en la miseria después de perder el ganado, la cosecha y todo el ajuar doméstico. Para resarcir los daños, el Ayuntamiento les dio a cada cien pesetas y permiso para pedir limosna en la calle. Hoy en día también residen en ella dos familias.
Ermita de Idotorbe (San Pedro)
Desde la Edad Media y hasta el siglo XV se le denominó San Pedro de Irunaga por el liderazgo que tuvo esa casa dentro de este barrio rural. Posteriormente se extendió el topónimo Idotorbe, denominación que se refiere al lugar donde está emplazada la citada ermita.
Se encuentra esta ermita en las faldas del monte Kalamuaga (Kalamua) o Maiza, a unos 400 metros de altitud, en la llanura de Irurebieta de dicha barriada de Idotorbe, a casi cuatro kilómetros de la plaza de Kalegoen, centro neurálgico de Elgoibar.
Existe en el archivo del Vaticano un documento de 1442 (Bula del Papa Eugenio IV) que tiene relación directa con esta ermita. De hecho, la historia que se cuenta es que en la zona de Kalamuaga una joven de Mendaro encontró una imagen de la Virgen, produciéndose el hallazgo en una fecha anterior. Al final, la efigie fue llevada a San Pedro de Idotorbe, concediendo el Papa indulgencias a los que visitaran esta ermita o a los que dieran limosna.
Arquitectura. Se trata de un edificio muy amplio para ser ermita, comparable al tamaño de más de una parroquia. Esta iglesia de San Pedro es de escasa luminosidad, por el predominio de sus contundentes muros sobre los vanos. Presenta dos ventanas abocinadas de medio punto en el ábside, otra de medio punto en el muro de la derecha y una cuarta de arco conopial, en el lienzo de la izquierda.
Es de planta irregular y consta de varios tramos añadidos a lo largo de los años. La cabecera es octogonal y por la parte exterior cuatro sólidos contrafuertes sostienen los ángulos desde la cornisa hasta el suelo. Esta solución, a juicio de los profesores Santana y Barrio, fue adoptada para cubrirla con bóveda de cantería, aunque no existe vestigio de ello, ni tampoco aparece en los archivos referencia alguna a esta hipotética bóveda de piedra. Los elementos sustentantes fueron construidos en mampostería y sillarejo, aunque los bordes de los contrafuertes y la mayor parte de los vanos se ejecutaron de sillería. Las dimensiones actuales del templo son 17,5 metros de largo, y de 9,6 metros de ancho en la zona del presbiterio y 12,8 metros en el resto del espacio.
La torre se encuentra al pie de la iglesia y, como veremos más tarde, ha sido reconstruida en numerosas ocasiones, tras haber sido desmantelada por efecto de los rayos. Se trata de un edificio cuadrado de tres plantas adosado a la iglesia y estructurado con arcos de medio punto y un arco carpanel que protege la campana. El campanario presenta en ambas esquinas contrafuertes más esbeltos, y se remata con un tejado a cuatro aguas con cruz y brújula en su vértice. El tejado de la nave del templo es a tres aguas.
Desde el exterior, la fachada principal es la más interesante en cuanto a elementos arquitectónicos. Además de la mencionada torre campanario, destaca la puerta adintelada de acceso en sillería y la hermosa aguabenditera, y a su derecha el arco renacentista ciego de medio punto de anchas dovelas (antigua puerta de acceso), con un pequeño arco conopial ciego en la clave. A la izquierda se situa otro arco conopial cerrado con cristal. Todos estos elementos están protegidos por un pórtico, a una sola vertiente.
En los muros del edificio se pueden distinguir tres fases constructivas:
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La primitiva ermita que estaría construida para 1442 y era muy pequeña. Sería de planta rectangular y habría ocupado la parte trasera de la actual ermita.
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A principios del siglo XVI, se ejecutan el arco renacentista de medio punto y el conopial. A lo largo de este siglo se añade un ábside octogonal con contrafuertes, que prácticamente duplican la superficie del templo.
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Finalmente, la torre se construyó en el siglo XVIII.
Los muros interiores están raseados y lucidos. La ermita cuenta con una única y amplia nave. El presbiterio es muy alto y tiene un espacioso coro a los pies. Las escaleras y balaustradas para subir al presbiterio y al coro son de madera. La parte superior presenta una armadura moderna de tres paños, cubierta con casetones de cinta y saetín y policromada con bornadura de almenilla. Este techo carece de importancia estructural y fue construido en las obras de restauración llevadas a cabo en 1985, con el fin de dotar al espacio de un efecto de carpintería antigua. El suelo es de baldosas rojizas. La sacristía, por su parte, está habilitada debajo del alto presbiterio.
En cuanto a los altares, parece que fueron tres los existentes en esta ermita hasta mediados del siglo XVIII. En el altar mayor se alineaban una cruz, la imagen de San Pedro en su nicho, las figuras de Santa María y San Juan, y más arriba las de Santiago y Santa Águeda. En uno de los altares laterales se encontraban las efigies de Nuestra Señora y Santa Ana y, en el otro, se disponían las imágenes de Santa Lucía y San Adrián.
Sin embargo, en los inventarios de mediados del siglo XVIII, así como en el libro de fábrica de la ermita, se nos informa de la existencia de cinco altares: el altar mayor, con la imagen de San Pedro; los de Santa Ana y Santiago, en el lado del evangelio y el altar de Santa Agata y el de Santa Lucía y San Adrián, en el lado de la epístola.
Esculturas
Las esculturas que se citan a continuación se encontraban en los altares referenciados a mediados del siglo XVIII. La imagen de cuerpo entero de San Pedro, con fondo oro y blanco, en el altar mayor. Junto a ésta había otra escultura dedicada a San Pedro, que no tenía más que cabeza, manos y armazón. Esta figura se utilizaba en las procesiones del Corpus y en el día del santo. En los otros cuatro altares, se disponían efigies de pequeño tamaño de los santos titulares: Santa Ana, Santa Ágata, Santiago, Santa Lucía y San Adrián. En el libro de mayordomía se indica que estas imágenes estaban desfiguradas.
Además de lo mencionado, conviene reseñar la Cruz mayor de plata, que tiene en su centro la figura del Cristo de oro (de seis o siete libras de peso y de una vara -0,84 m.- de longitud).
En la actualidad, la escultura de San Pedro se encuentra en el lado izquierdo del crucero y sólo tiene cabeza y manos; el resto es armazón. El santo se encuentra revestido con las prendas propias de obispo. Esta figura se menciona en los inventarios de 1754 y 1780, y, probablemente, fue realizada en 1686, cuando a un escultor y pintor se le pagaron 184 reales por su ejecución. En aquel momento, los vecinos del valle aportaron 136 reales en limosnas, para costear la imagen.
Pinturas
El altar mayor y las paredes y techo de los cuatro altares laterales estaban decorados con pinturas de santos de cuerpo entero, fajas y columnas y fueron reformados en 1742. La transliteración del documento, reza así:“Y todo lo que coje el ámbito del techo de sobre los dichos cinco altares con su vóbeda bastante de paneladura de madera, y lo demás de techo del Cruzero, y restante de la Yglesia de tejados, y los lienzos de paredes del altar mayor, y de los quatro altares con pinturas de santos y santas de cuerpos enteros faxas, y colunas”, Entre estas pinturas destacaría la de San Pedro ad Vincula -San Pedro encadenado-, con una cortina de seda. Su altura era de una vara (0,84 cms.) y tres cuartos de ancho, y fue donado por un hijo de este barrio, el sacerdote Gabriel Osoro. También estaban pintados los cinco antealtares: en el altar mayor el antealtar de madera con su marco, coloreado con fondo rojo y flores blancas, y el centro decorado con una estampa de San Pedro. Tras examinar el libro de mayordomía de esta ermita, podemos decir que intervinieron en las labores de policromía, los siguientes pintores: - Diego de Mugarrieta, quien percibió 600 reales por pintar 11 santos, en 1673. Nueve años después, Mugarrieta trabajó de nuevo, cobrando 50 reales. – En 1716, Ignacio de Arana hizo la pintura de Santiago (Este artista también se encargó de pintar en las pechinas de la iglesia parroquial de San Bartolomé de Kalegoen, los cuatro Padres de la Iglesia). – En 1742, el hermano de Ignacio, Francisco de Arana, además de rehacer la decoración de cuerpo entero de santos y santas, hizo nuevas pinturas de otros santos, columnas y edificios en el altar mayor y a los lados del presbiterio, cobrando por ello 499 reales.
Retablo
Hoy en día en el muro del ábside existe un retablo traído de la demolida iglesia del convento de San Francisco en 1923, mientras que en la parte laterall derecha quedan restos de decoraciones. Estas pinturas murales fueron eliminadas accidentalmente en 1989, durante las obras de restauración de la ermita.
Junto al retablo, se encuentra colocada una placa que dice: “Altar trasladado del convento de San Francisco y cedido a esta hermita de San Pedro por su actual poseedora Dª Joaquina de Murga y Mugartegui, año de 1923”. Se trata de un retablo de estilo renacentista de madera y decorado con temas geométricos en relieve. Entre las columnas jónicas y corintias hay esculturas distribuidas en los dos registros, en el ático y en tres calles. Algunas de estas esculturas no se adaptan bien a los huecos de las hornacinas. La talla de San Pedro ocupa el centro del primer cuerpo y las de San Andrés y San Pablo, los laterales. En el segundo cuerpo se encuentran Santa María, Santa Ana y San Antonio y en el ático, el Crucificado. El fondo de las hormacinas está dotado de elementos paisajísticos.
Lo más probable es que este retablo perteneciera a la capilla de San Andrés del antiguo convento de San Francisco de Elgoibar. Lope Pérez de Lasalde, uno de los fundadores de este monasterio, fue el que promovió este sepulcro oratorio en 1548. Después de los Lasalde, cogieron el relevo de estas pertenencias las familias Andonaegi y Murga. Esta capilla era la primera del lado del evangelio y en 1590 se realizaron obras de calado en la misma.
Reformas y trabajos de reparación
En la junta municipal de 1567, se nos dice que los vecinos habían sido los constructores de la ermita de San Pedro de Idotorbe, por lo que la elección de las seroras correspondía al Concejo, mientras que el mantenimiento de la iglesia corría a cargo de los vecinos, de tal forma que los gastos se pagaban con limosnas que daban los fieles.
En la larga historia de la ermita, han sucedido infinidad de reparaciones, reformas y ampliaciones. He aquí algunas de las que se mencionan en los archivos:
Así, Domingo de Aubia ejecutó los claustros en 1566, cobrando por ello 86 ducados; también realizó trabajos de cantería en 1574, sin especificarse en qué lugar de la iglesia. Tres años después, el mayordomo de la ermita se hizo cargo del pago de 1.000 fanegas de cal. En 1605, los mayordomos de la ermita solicitaron al Ayuntamiento licencia para cortar unos robles con el fin de realizar una obra en el lado del coro, que fue ejecutada por Domingo de Larramendi, de Azkoitia y evaluada por el elgoibarrés, Simón de Hermua. Hermua dio a conocer su veredicto el 9 de agosto del año siguiente. A juicio del carpintero elgoibarrés, Larramendi había cumplido con lo pactado, salvo que, como no le dieron la teja, la ermita estaba al descubierto, por lo que cuando se le hiciera la provisión de teja, el propio Larramendi tenía que finiquitar la obra. Pedro de Barinaga, cantero de San Andrés de Etxebarria, construyó en 1613 un tramo de muro junto a la puerta de entrada, en el que se abrió una ventana estrecha y abocinada.
El carpintero elgoibarrés Bautista de Soraiz, construyó en 1618 el nuevo campanario y los claustros, cobrando 30 ducados por su trabajo, siendo Francisco Agirre, el autor del diseño del campanario. El carpintero Soraiz, cobró al año siguiente, 129 reales por su trabajo. Tres años más tarde, el cantero Antonio de Leconberri levantó un trozo de muro, con un coste de 563 reales. En el desván de la ermita utilizado por la Cofradía, se instaló en 1627 el suelo nuevo, por los carpinteros locales Domingo de Curuzelaegui y Bartolomé de Berasaluze, ambos vecinos del barrio. El precio de la mano de obra fue de 30 ducados. Urbano de Aguirre hizo en 1651 de nueva factura, la sacristía y el altar mayor, cobrando por ello 300 reales. Por su parte, el citado Curuzelaegui, cinco años después ejecutó los balaustres por lo que percibió otros 156,50 reales, encargándose al año siguiente de habilitar el suelo del coro y fabricar más balaustres. Asimismo, el Concejo aportó 30 robles para la elaboración de estos últimos, a cambio de los cuales los vecinos de Idotorbe quedaron obligados a realizar nuevas plantaciones de robles. La bóveda de madera de la ermita se fabricó entre los años 1662 y 1664, decisión que fue adoptada un par de años antes. Tras pedir ayuda al Ayuntamiento y a los vecinos, se recogió la madera necesaria para su ejecución. Esta nueva bóveda fue construida por Gabriel de Garate, siendo supervisada y valorada por el escultor Antonio de Anziondo y el carpintero Francisco de Alberdi. El coste total de la misma ascendió a 1.107 reales, de los que Garate cobró 660 reales. Más tarde, el albañil Santiago de Ziaran se dedicó a enlucir la bóveda durante ocho días, cobrando por su labor 96 reales.
El profesor y experto en arte, Alberto Santana, expone lo siguiente en Ars Lignea: “Parece ser que a lo largo de la primera mitad del siglo XVII se multiplicaron las bóvedas casetonadas en arco recto alrededor del centro del valle del Deba, probablemente siguiendo la estela del santuario de Nuestra Señora de Arrate”. Así, pone por ejemplo muestras localizadas en Markina, Etxebarria y Soraluze, además de la ermita de San Pedro de Idotorbe en Elgoibar. Sin embargo, tanto aquí como en Soraluze, no aparece ningún fenómeno de curvatura que trate de crear un aspecto abovedado.
Por otro lado, debemos decir que la bóveda de la ermita de Idotorbe estaba constituída por paneles de madera y decorada con pinturas de santos, fajas y columnas de cuerpo entero. Como señala el profesor Santana en la obra citada, “era una costumbre muy antigua que en algunas iglesias cristianas los techos se policromaran de azul e iluminaran de estrellas, por eso dice que «se entiende bien que a un tipo de techos de carpintería vasca que estaban pintados, los ciudadanos llamen cielo». No sabemos si los idotorbetarras llamaban cielo al techo de su ermita, pero sí tenían más seres celestiales pintados que en el mismo cielo.
Santiago de Ziaran reforzó el crucero de la ermita en 1665, con 630 ladrillos traídos de la calera y tejería del caserío Iriarte. Domingo de Curuzelaegui realizó varios trabajos de carpintería en 1685, entre los que se encontraban el retejo de la iglesia y del claustro, con un coste de 533 reales. Al año siguiente, el trabajo de cantería del claustro ascendió a 81 reales. También en el campanario se acometieron obras de reparación en los años 1688, 1700, 1738, 1745, debido a que los rayos han solido castigar con frecuencia el mismo. A manera de ejemplo, relataremos el ocurrido en el año 1700: durante la noche del Viernes Santo, un relámpago rompió el frontal del campanario quedando la torre y las campanas en peligro de derrumbe. El mayordomo de la ermita, Joseph de Garate, del caserío Sagarzurieta, fue el encargado de explicar este hecho en el Ayuntamiento, considerando que era necesario bajar las campanas y construir un nuevo campanario. Garate añadió que el coste ascendería a 200 ducados, de tal forma que el Ayuntamiento se comprometió a pagar una cuarta parte, y le concedió permiso para poder pedir dinero en la calle pública o donde quisiera. El mayordomo que le sucedió en la ermita hizo una nueva petición ya que le restaban 50 ducados sin cobrar, por lo que recibió 30 cargas de carbón en lugar de dinero. Más tarde, el Ayuntamiento, en febrero de 1735, donó al barrio 100 reales de vellón para reparar el campanario, que estaba de nuevo en peligro de derrumbe. La torre fue derribada en 1756, y seis años más tarde otro relámpago hizo una grieta en la ermita, viéndose forzados a acometer obras generales de reparación, además de construir también el nuevo campanario. Éste fue construido en 1763 por Domingo de Muguerza, siguiendo el diseño de Antonio de Larraza, quien también se encargó de fiscalizar la obra. Al parecer, los mayordomos no quedaron conformes con la obra y llamaron al arquitecto Francisco de Ibero para que examinase el campanario, Este emitió un informe por escrito el 13 de diciembre, ordenando, entre otras cosas, reforzar los dos contrafuertes situados en la parte delantera.
Nueve años más tarde, Gregorio de Aguirre emitió el examen de la torre del campanario, y el mayordomo de la ermita ofreció la oportuna explicación en el Concejo, el 5 de abril de 1771. Según él, el campanario estaba muy dañado y presentaba grandes aberturas y grietas, sobre todo en la parte norte. En consecuencia, tanto la torre como las campanas corrían peligro de caer, por lo que se estimó conveniente bajar las campanas. Al tratarse de una obra ejecutada hacía pocos años y adjudicada en pública subasta, el Ayuntamiento, por su parte, decidió amonestar al contratista adjudicatario de la misma.
El 12 de marzo de 1826, el mayordomo expuso al Ayuntamiento que la fachada este y el pórtico norte estaban en peligro de derrumbe y solicitó dinero para acometer urgentemente estas obras. Los concejales, tras examinar la ermita, decidieron conceder su aportación dineraria de la bolsa de la iglesia. El 10 de junio de 1848, se da cuenta de que tanto el muro oeste como el tejado y el campanario, se encontraban muy deteriorados. Para acometer estas reparaciones, el Ayuntamiento entregó a la ermita 320 reales y un roble para que se vendiera en subasta pública.
El deseo de reducción del tamaño de la ermita se hace constar en un documento municipal de finales de agosto de 1862, y casi cuatro años más tarde, aprovechando la necesidad de reparar el tejado, el representante de la ermita solicitó al Ayuntamiento permiso, no sólo para realizar esta obra, sino también para reducir el tamaño de la iglesia. Poco después se redactó el plano y el presupuesto de la obra en cuestión.
El intento de los vecinos de Idotorbe para convertir la ermita de San Pedro en templo parroquial
Los vecinos de Idotorbe solicitaron a mediados del siglo XIX a los responsables de la Diócesis de Calahorra-La Calzada, en cuya jurisdicción se encontraban las iglesias de nuestro pueblo y valle, entre otras iglesias de otros territorios, autorización para la constitución de una parroquia en el lugar, prometiendo construir una nueva casa para el cura, para que pudiera residir en el barrio.
Reclamaron por primera vez el derecho a la parroquia (anexa a la parroquia de San Bartolomé), el 22 de julio de 1849. Para ello, Bonifacio Agirregomezkorta y Antonio Osoro, representantes del barrio de Idotorbe y al mismo tiempo concejales de la villa, pidieron ayuda y apoyo al Ayuntamiento ante el Tribunal Eclesiástico para gestionar dicho tema.
El obispado de Calahorra antes de tomar decisión alguna preguntó casi un año después al Ayuntamiento elgoibarrés, si tenía algo que alegar al respecto. En consecuencia, el Consistorio eligió a dos representantes para reunirse con los comisionados de los sacerdotes de la parroquia. En la reunión municipal celebrada el 9 de febrero de 1853, declaraban que el expediente había estado retenido trece meses en la Audiencia de Calahorra, debiendo ser el motivo principal de la tardanza que entre los sacerdotes de la parroquia de Elgoibar no había nadie dispuesto a fijar su residencia en el barrio de Idotorbe, y argumentaban que había una mayor necesidad espiritual en la zona urbana.
El Ayuntamiento cambió entonces de opinión y en vez de seguir tramitando la transformación de la ermita en iglesia parroquial, decidió ser suficiente que un sacerdote fijo oficiara la misa los días de fiesta en dicha barriada. Para llevar a cabo este último propósito, acordó reunirse tanto con representantes del barrio rural como del Cabildo de la iglesia. Sin embargo, Bonifacio Agirregomezkorta y una minoría de vecinos continuaron con su intención de constituir parroquia propia y mediante carta del 28 de mayo de 1859, en nombre de los vecinos, pidieron permiso al Ayuntamiento para construir la residencia para el cura. Decía Agirregomezkorta que la casa cural de la nueva parroquia debía construirse en una esquina de la ermita como mandaba el Provisor del Obispado, tanto por razones económicas como por cuestiones de ordenamiento y ubicación, y que convenía hacerla tal y como se contemplaba en el diseño del plano.
Tras ello, otra extensa y provechosa carta suscrita por dieciocho vecinos del barrio -en representación de la mayoría-, fue leída en el pleno municipal del día 1 de julio. Tras su lectura, el Ayuntamiento no solo retiró la autorización concedida a Agirregomezkorta, sino que decidió paralizar las obras que se estaban ejecutando. Y es que, según denunciaba esta mayoría de vecinos, “Agirregomezkorta…, en connivencia con seis vecinos y en contra de la opinión de la mayoría de ellos, estaba construyendo la casa cural, además de haber hecho la subasta». A pesar de la autorización de la autoridad eclesiástica para llevarla a cabo, la mayoría de estos vecinos reconoce en carta del 4 de mayo, que había cambiado de opinión, ya que no les convenía seguir con esta ejecución porque les acarrearía grandes gastos. Añaden, también, que hablaron con los sacerdotes de la parroquia, y que les prometieron que los días festivos tendrían misa en la ermita.
El barrio de Idotorbe estuvo muy dividido durante esos años; en primer lugar, por el proyecto de creación de nueva parroquia y, después, por el proyecto de casa para el cura. Finalmente, y habiendo transcurrido prácticamente treinta años, a principios de agosto de 1882, la mayoría de los vecinos del barrio indicó al Ayuntamiento que se había producido una nueva ordenación entre los sacerdotes de la parroquia de San Bartolomé y que, a partir de entonces, se había decidido que un sacerdote asistiría y se encargaría de la ermita de San Pedro. Por ello, decidieron edificar una casa cural, para lo cual había que empezar a acotar el suelo como paso previo para diseñar el plano, encomendando el Ayuntamiento a su Síndico para realizar esta labor.
Pero de nuevo, la idea de construir una nueva casa cural fue abandonada porque algunos vecinos propusieron el 7 de enero de 1884, que la casa del sacristán, de propiedad comunal y recientemente reformada, sirviera para albergar no sólo al sacristán, sino también al sacerdote, habilitando sendas viviendas para ambos. Después de siete años sin avances en el tema, algunos vecinos siguieron intentando habilitar una vivienda para el cura en la casa del sacristán. De hecho, querían que el sacerdote viviera allí, con el fin de además de oficiar misa los días de fiesta, impartiera la doctrina y demás sacramentos a los vecinos, consiguiéndose así una mayor atención espiritual.
Tras la lectura y análisis de la carta por parte del Ayuntamiento, éste acordó suspender la decisión adoptada el 29 de mayo de 1882, paralizando la obra de la nueva casa cural. Sin embargo, Agirregomezkorta y seis vecinos más, veinte días después, volvieron a remitir al Ayuntamiento una nueva petición, solicitando autorización para continuar la obra. También elevaron una reclamación ante la Diputación porque la decisión municipal de suspender las obras de la casa cural se había tomado con la ausencia de los ediles baserritarras.
Si el proyecto de conversión en parroquia de San Pedro, primero, y la construcción de una casa cural, después, generaron grandes desavenencias entre los vecinos del barrio de Idotorbe, finalmente los sacerdotes de la parroquia de San Bartolomé, asumieron la responsabilidad de oficiar una misa los días festivos en la ermita, a cambio de la cual, recibirían una gratificación de 940 reales anuales.
Este tipo de convenio ya había existido anteriormente, así en 1776-1777 y posteriormente en otros años. Entonces el acuerdo se gestó con Nicolás Guereta, fraile guardián del convento de San Francisco de Elgoibar. En el mismo se contemplaba que un fraile sacerdote oficiaría misa en la ermita los días de fiesta de guardar, excepto en los días lluviosos y en los que arreciaba la tempestad, y que, a cambio de ello, se entregarían al citado convento anualmente, quince fanegas de trigo aportadas por los vecinos del barrio.
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Inventarios de los bienes de la ermita |
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Año 1600. Primeramente una cruz de plata grande... Ytem, dos cálices con sus patenas. Ytem, dos misales de decir misa y un libro grande nuevo de coro. Ytem, un ornamento y otro de diácono. Ytem, una ropa colorada de paño... Ytem, cuatro vestimentas con todos sus adrezos ... Ytem, dos sábanas nuevas goarnecidas de seda..., otras dos sábanas rojas moriscas. Ytem más, otros dos antealtares goarnecidos de algodón. Ytem más, otra sábana de colores. Ytem más un antealtar con la figura e imagen de Santa Lucia. Ytem más, dos sábanas llanas nuevas. Ytem, dos toallas de lienzo goarnecidas de algodón para adorno de los altares ... Ytem, 15 sábanas llanas y buenas y dos viejas, más otra sábana traida y casi rota. Ytem, tres tocas buenas con tiras de oro y de seda. Ytem más, 15 tocas amarillas y blancas ... Ytem más, tres manteles traidos que sirven para adorno de los altares. Ytem más, un mantel de lila entre colores. Ytem más, 10 manteles largos de la cofradía, más cuatro vestimentas de lienzo... Ytem. dos camisones de la cruz mayor. Ytem, cuatro candeleros los dos de ellos de cobre y los otros dos de estaño. Ytem, dos camas cumplidas.... Ytem, una caja para guardar el adorno de la dha iglesia. Ytem, una caldera de cobre grande de la cofradía. Ytem, 60 jarros de barro y 60 tajadores para servicio de la cofradía. Ytem, la casa de las freiras y todo el robledal de adelante y el jaral que está pegado al dicho robledal con sus valladares y paredes de piedra. Ytem, un manzanal detrás de la dicha iglesia a la parte de Osoro, y otro pedazo de jaral y una huerta detrás de la iglesia. Ytem, una tierra y castañal confinante con los términos de la casa de Aranburu, y otra tierra y castañal en jurisdicción de la villa de Eibar... Ytem, otro castañal en Armugaeta... |
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Del inventario de 1606 destacamos los siguientes bienes: Primeramente el cuerpo de la ermita, la mitad de la parte del crucero acabada, y la otra mitad obra antigua vieja. Ytem, el altar mayor sobre San Pedro un crucifijo y por los lados Nuestra Señora y San Juan, y en el propio altar mayor la imagen de San Pedro en su tabernáculo y a la parte de arriba la imagen de Santiago, y en la otra Santa Agada en su tabernáculo y caja. Ytem más, dos altares colaterales con las imágenes de Nuestra Señora, Santa Ana y Santa Lucía en sus tabernáculos, y en el altar de Santa Lucía otra imagen de San Adrián con su martillo en la mano. Ytem, una cruz de plata con la imagen de Nuestro Señor con su funda..... Ytem, la mano de San Pedro con un relicario debajo de un viril con su letrero. |
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Del inventario de 1639 destacamos los siguientes bienes: Primeramente, tres cálices de plata con sus patenas de lo mismo y los dos cálices de oro... Ytem, una cruz de plata vieja con su crucificado de otro metal. Ytem, dos campanas que están en el campanario.... |
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Del inventario de 1655 destacamos los siguientes bienes: Primeramente, dos campanas ... que dio el gobernador Domingo de Osoro. Ytem, tres cálices... Ytem, una cruz de plata con su Cristo en medio. Ytem, un incensario de plata con su naveta y cuchara de lo mismo. |
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Una donación realizada en 1712: ... Ignacio de Iribarren ... sachristán nombrado ... dijo que Mariana de Ossoro, su madre, freira en la misma hermita, por testimonio de mi, el escribano, el dia diez y siete de henero del año passado de mil settezzientos y cinco hizo donación a favor del otorgante de un robledal y su tierra sobre la cassa solar de Ossoro, cercana a la dha hermitta, que tiene ciento y nueve posturas de manzano apreciada cada postura a dos reales de plata y de ciento y catorce robles que havía en dicho parage, de precio de dos reales de plata cada uno y de otra porción de tierra en el puesto de Guezadi.... Y que sin embargo de lo referido, la dicha Mariana de Ossoro, su madre, le havía declarado al otorgante el deseo y voluntad que havía tenido de donar dejar y adjudicar a la dicha hermita de San Pedro, la dicha tierra robledal de las ciento y nueve posturas con sus robles.... A continuación de este documento se recoge el inventario de dicho año. |
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Del inventario de 1716 destacamos los siguientes bienes: ... parecieron presentes Tomás de Atristain, maiordomo actual de dha hermita y Joseph de Ossoro Curuzelaegui, vecinos de esta villa. Y dijeron que en el Ayuntamiento que hizo convocar esta noble villa el dia 10 de diciembre proximo pasado, le habían nombrado al dicho Joseph de Osoro Curuzelaegui por sacristán..., con la obligazion de que dicho Joseph hubiesse de entregar para dicha hermita en ganado bacuno asta la cantidad de 70 ducados de vellón a la satisfazión del dicho Tomás de Atriztain, como maiordomo, dentro de 15 días de la fecha del nombramiento de tal sacristán y que dicho ganado ... estubiesse en nombre de dicha hermita en la casa que está destinada para sacristán, en el pie y valor de 70 ducados de vellón, siendo las gananzias y pérdidas a medias para dicha hermita y sacristán. Por tanto, el dicho Joseph de Ossoro Curuzelaegui, entregó al dicho Tomás de Atriztain..., dentro de la cassa que está frente de la dicha hermita destinada para sacristán, los ganados siguientes: Una baca de valor de 13,5 ducados. Más otra baca de valor de 12 ducados. Más otra baca de 12 ducados. Más una bezerra de 7 ducados. Más otra bezerra de 7,5 ducados. Más otra bezerra de 6 ducados. Más otra baca de 12 ducados. Todas las quales dichas bacas y bezerras entregó el dicho Joseph... al dicho Tomás... |
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Del inventario de 1754 no recojo nada por estar recopilado en el de 1780. (Maiordomiako liburuan: Quentas de la Hermita de San Pedro de Ydotorbe.... comenzadas año de 1646. El Ynventario de alhajas, bienes y efectos de dicha Hermita.... se hizo en 25 de julio de 1754 y se halla su traslado desde el folio 163 buelta de este libro). |
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Del inventario de 1780 destacamos los siguientes bienes: Ermita y casa: primeramente se pone por inventario dicha hermita y a su inmediación la expresada casa propia de ella que sirve para habitación de los sacristanes de la misma hermita. Altares: en la referida hermita los cinco altares: el altar mayor titular del glorioso San Pedro ..., el segundo a la parte del evangelio de la advocacion de Santa Ana, el tercero a la parte de la epístola de Santa Águeda, el cuarto a la otra parte de más debajo de Santiago apóstol ..., y el quinto de Santa Lucía y San Adrián a la parte de la epístola. Y en el lado del evangelio un brazo y mano... Y todo lo que coge el ámbito del techo de sobre los cinco altares con su bóveda decente de paneladura de madera, y lo demás de techo del crucero y restante de la iglesia de tejados, y los lienzos de paredes del altar mayor con pinturas de santos y santas. Adornos: en el altar mayor un bulto de cuerpo entero del glorioso San Pedro barnizado de fondo blanco y de oro, una estampa de una bara de largo y tres cuartas de ancho con pinturas de San Pedro ad Vincula que donó por alaja especial el doctor don Gabriel de Osoro, natural de esta villa y cura que fue en Perales de Tajuña en el arzobispado de Toledo, con su cortina de seda, y al lado del expresado altar mayor otro bulto de San Pedro con solo cabeza y mano y armazón que sirve para las procesiones de Corpus y en el día de la festividad del santo..., y en los otros cuatro altares los bultos de los santos titulares de corto tamaño y desfigurados... y en dicho altar mayor su antealtar de tabla y marco con pintura de fondo rojo y flores blancas, y en medio efigie de San Pedro... Alajas de plata: la cruz mayor de plata con la efigie del Santo Cristo dorado de oro... que sirve para las procesiones del día del titular de letanias y otras... Otras cosas: 7 bancos para asiento de los hombres en el presbiterio, dos en los costados, otro en el coro, un banquillo junto al altar mayor para asiento de los señores sacerdotes..., un cepo para tener malhechores en prision con sus tornos de fierro y llave. |
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En 1804, el sacristán Benito Arrillaga cuida del ganado de la ermita de San Pedro (valorado en 70 ducados), siendo a medias las ganancias y pérdidas. Pero como se vendieron una tierra y un robledal de la ermita, comunicó al mayordomo que no podía continuar. |
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Del inventario de 1821 destacamos los siguientes bienes: un robledal, se dice que vendieron una tierra sin labrar, dos tierras de cultivo y un castañal. No se recogen los siguientes bienes: la cruz de plata y el cáliz, entre otros. |
Ermita de Azkue (San Roke)
Esta ermita del barrio rural de Azkue (San Roke) se encuentra en las estribaciones de la zona montañosa de Muskiritzu, a la vera de un importante camino medieval. Es la ermita más cercana de la plaza de Kalegoen, distando solo un kilómetro, razón por la que la urbanización ha llegado hasta este lugar nuclear.
Desde su fundación hasta finales del siglo XVI, la ermita estuvo bajo la advocación de San Vicente mártir. La denominación de San Roque se le dió a partir de octubre de 1597, puesto que fray Antonio Garate, fraile profeso elgoibarrés del convento San Francisco, estando afectado por la llamada enfermedad sospechosa (peste), murió en la misma ermita. Después de permanecer cerrado el oratorio durante un tiempo, hicieron esculpir la imagen de San Roque y colocaron en lugar preferente del presbiterio: (... y haviéndose platicado largamente sobre ello, hordeno y mando que los dichos Allcalde y Regidores hagan hazer una ymagen del señor san Roque... para el día que se obiere de abrir y, después que se acabe de hazer, se aya de yr a la dicha hermita con la clerecía en procesión solemne y ansí se habra la dicha Hermita...) El citado santo francés, había ofrecido su vida al cuidado de enfermos de peste. Por lo tanto, al dedicar la ermita a San Roque, pretendían proteger a los elgoibarreses de dicha enfermedad. Muestra de ello, fue la función religiosa especial y las consiguientes rogativas en honor a San Roque celebradas en abril de 1772, pues temían que la peste pudiera extenderse hasta Elgoibar.
De todas formas, no relegaron a San Vicente, prosiguiendo los elgoibarres con su culto. Así, las autoridades municipales en reunión el 29 de setiembre de 1698, decidieron, aún sin la pertinente autorización del obispo, que el 22 de enero, onomástica de San Vicente mártir, se declarara fiesta de guardar. Harían procesión ese día laboral desde la parroquia de Olaso hasta la ermita, encomendando a San Vicente la misión de ahuyentar el mal tiempo, tormentas y vientos malignos, y con ello los baserritarras tendrían protegidos sus campos de trigo, maíz y demás cereales. Con el fin de institucionalizar dicho día, suscribieron una escritura ante escribano, el 10 de noviembre de 1698. Tres décadas más tarde, en reunión municipal celebrada el 8 de octubre de 1730, adoptaron el siguiente acuerdo: … se otorgó escritura para la función que dicho cabildo habia de hacer en la ermita de San Roque el día de San Vicente mártir, con primeras y segundas vísperas, procesión general desde la parroquia y misa solemne, obligándose la villa a pagar al cabildo por su trabajo y ocupación, 50 reales al año... De esta manera, las festividades de los dos santos se han venido celebrando con gran entusiasmo en esta ermita del barrio de Azkue (San Roke), una a mediados de invierno y, la otra, en pleno verano.
La primera referencia escrita que se conocía sobre esta ermita es del 28 de febrero de 1451. En aquella época los elgoibarreses tenían señalada la ermita de San Vicente de Azkue, como lugar sagrado especial para formalizar juramentos. De todas formas, el medievalista Javier Elorza menciona otro documento por el que se demuestra que se venían verificando juramentos cincuenta años antes. Asimismo, el propio Elorza proporciona una información del año 1411, por la que se señala la dependencia de esta ermita respecto de la iglesia parroquial de Olaso, señalándose como “sitam infra parochiam Sancti Bartholomei de Olaso”; además de ello, expone, basándose en dicho documento, la especial significación que tenía para el pueblo y la gran afluencia de gentes que atraía esta ermita de San Vicente (En el documento se recoge en latín, lo siguiente: a causa de los muchos milagros que con frecuencia se realizan…”). Posiblemente, por esta causa, el Papa Benedicto XIII (1394-1403) concedió indulgencias a aquellos que la visitaran.
Respecto a los materiales constructivos, los gruesos muros de las fachadas oeste, norte y sur, hasta cierta altura, se construyeron de sillares calizos ciclópeos; el sillarejo lo emplearon en la parte de arriba, y revocaron las paredes oeste y este, pudiéndose reconocer que el paño situado al este, fue levantado más tarde. Asimismo, los cuatro esquinales y los vanos están construídos en piedra sillar.
El edificio está orientado hacia el este. Tiene una única nave de planta basilical, tejado a dos aguas y ábside plano. El pórtico se extiende hacia el oeste y sur, y un desván (antiguamente, lugar donde se reunía la cofradía; hoy en día reconvertido en sociedad de los vecinos) se encuentra anexionado al muro del lado sur. La espadaña que se encuentra a los pies de la pequeña iglesia cuenta con una pequeña campana (“San Roque año 1887”), teniendo grabada una pequeña cruz. Rematan la torre, un pararrayos y una pequeña cruz. El pórtico de la fachada principal está sostenido por cinco columnas de piedra caliza, que a su vez están apoyadas en un murete de sillarejo; además, por su interior dispone de un asiento de piedra caliza. Es interesante el suelo de este atrio, principalmente la parte delantera. A comienzos del año 1653, se hicieron obras importantes en este pórtico, siendo el carpintero elgoibarrés Urbano de Agirre el que se ocupó de ellas.
La entrada a la pequeña iglesia está adornada por un elegante arco apuntado gótico arcaico construído por tres grandes dovelas, en el que tanto éstas como las jambas están trabajadas en sillería caliza. Encima del arco se puede leer lo siguiente: Capilla de San Roque. Reedificada por D. Sebastián de Uribe. Año 1888. Estoy de acuerdo con el amigo Elorza, al aseverar que esa reforma desnaturalizó el edificio gótico, perdiéndose la oportunidad de conocer mejor su pasado Medieval. A la derecha de la puerta están una hermosa aguabenditera caliza y un asiento, ambos adheridos al muro.
Nada más ingresar en el interior de la ermita, tenemos el bajocoro, en el que cuatro pilares cuadrados sostienen el coro alto. Las paredes de la nave están revocadas, siendo la bóveda plana y de madera. El suelo, por su parte, está construído en baldosa cuadrada roja. Esta actuación se ejecutó en 1986, renovándose la solera de madera. A la izquierda del presbiterio se encuentra un púlpito de madera arrimado a la pared. En este espacio principal se ubican tres altares con sus correspondientes retablos. Asimismo, destaca en el presbiterio un altar confeccionado en el año 1970, con un rodillo y una losa. Por fin, señalar que la sacristía se situa en la parte delantera.
En lo que se refiere a las ventanas, dos en arco de medio punto revocados de hormigón por su exterior, se abren en la parte superior norte; dos saeteras (la tercera cegada) abocinadas (de 80 cm de profundidad) se situan en el muro sur, siendo desiguales de tamaño (74 cm y 80 cm); y otras dos aspilleras se encuentran en la sacristía del muro este, estando cegadas hoy en día.
La ermita cuenta con tres retablos de estilo barroco-neoclásico, adornados con policromías e imitaciones del color del mármol. Mientras que los dos retablos laterales tienen columnas toscanas (fuste liso y capitel con cinco piezas lisas), el central presenta columnas de fuste liso y capitel jónico (volutas). El altar de la izquierda (lado de la epístola), con su retablo, está presidido por San Vicente, el de la derecha (evangelio) por la Virgen Milagrosa y, el central, por San Roque. En la sacristía se custodian otras tres imágenes: la Virgen María, San Vicente y San Roque. Además de lo expuesto, el ábside está decorado con un mural, que se inauguró el día de San Vicente del año 2002.
Con anterioridad a los citados tres retablos, en 1618 ordenaron la confección de un retablo nuevo para albergar la imagen de San Vicente, y el sacerdote Juan Martinez de Ansola, legó 100 reales para su doradura. Para ejecutar dicho trabajo, Ansola propuso al sacerdote, pintor y dorador Pedro de Etxebeste (“caso que estuviere en Elgoibar o cerca de ella”).
He aquí, a continuación, algunas de las obras que se han llevado a cabo en los últimos tres siglos. El 14 de octubre de 1696, el mayordomo Simón Muguruza, solicitó al Ayuntamiento que arreglara la ermita y la casa de la serora, por ser de gran necesidad. Se elevó su coste a la importante cantidad de 50 ducados, consiguiéndose dicho dinero con el arrendamiento de algunas tierras y montes comunales. El 24 de mayo de 1716, hubo de nuevo que realizar algunas obras que fueron asumidas por el Concejo. El 12 de octubre de 1732, el mayordomo Joseph de Urristi comunicó que la bóveda y partes del tejado estaban en peligro de caerse, aludiendo que “los sacerdotes se exponen a un gran riesgo”. Al no disponer de dinero la ermita, el mayordomo pidió al Ayuntamiento que diera una respuesta generosa, dejando en manos del alcalde dicha obra. Seis años después, el mayordomo Joseph de Muguruza, de nuevo mencionaba el riesgo de que se cayera la ermita. Para poder llevar a cabo esas obras tan necesarias, solicitó disponer del dinero que se recogía para el culto a San Vicente, en la parroquia y en la iglesia de San Francisco. Tres meses más tarde, el mismo mayordomo ratificó que los tejados estuvieron a punto de caerse y de haberse atrasado la obra doce días, se hubieran desplomado totalmente. También el Ayuntamiento asumió parte del pago, dándole al mayordomo 300 reales de su caja.
En 1804, Ignacio Bartolomé de Muguruza, maestro de obras (concejal, alcalde, representante municipal en las guerras contra los franceses etc.), se ocupó de analizar los trabajos que eran necesarios en la ermita. Dictaminó que sobre todo se debía actuar en el pórtico, cubierta, coro y torre. El 30 de setiembre de 1820, el mismo Muguruza, además de ser mayordomo (propietario de los caseríos Bekoetxe, Goenaga y Urristi), hizo una serie de trabajos de mantenimiento en el interior del edificio y arreglo del tejado. Como el coste de dichas obras superaba el fruto de la venta de los árboles donados por el Ayuntamiento, Muguruza pidió al Concejo que pagara el déficit. La respuesta del Ayuntamiento no se hizo esperar, mandando que los 30 ducados que le correspondía pagar al nuevo sacristán por la dote, abonara en un plazo de quince días, como era habitual, y de esa forma saldar la deuda. El 19 de setiembre de 1829, los documentos depositados en el archivo municipal nos dan la noticia de que el techado estaba en riesgo de inminente caída. El 26 de mayo de 1844, el mayordomo José Domingo Arana, concretó en 103 reales el coste de las obras a realizar, a la vista de la valoración que Juan Bautista Ansola había hecho. El Ayuntamiento les comunicó que la misma se debía efectuar a cuenta de los vecinos y, de ser más, sería asumida por la institución municipal. El 31 de octubre 1852, el mayordomo solicitó “el fruto de la casa excusada” para poder hacer arreglos necesarios en la ermita. El Concejo admitió la petición y comunicó que se harían las obras más imprescindibles, pero ordenó a los vecinos, que para ello no tuvieran basura ni otros objetos en el desván, y que no cortaran árboles sin su autorización. Cuatro años después, ejecutaron otros arreglos con un coste de 330 reales. Este dinero fue abonado por el recién nombrado sacristán José Joaquín Etxeberria, que accedió al cargo después de la muerte de su padre, asimismo sacristán.
Esculturas.
San Vicente. Se trata de una talla popular del siglo XVI, que presenta características del gótico tardío. Es una pequeña escultura de bulto redondo de 25 cms. de ancho, 77 cms. de alto y 24 cms. de profundidad. Está esculpida en madera y estuco y policromada.
San Roque. Esta imagen fue labrada por el elgoibarrés Simón de Hermua a finales del siglo XVI, por orden del Ayuntamiento. Precisamente, en ese momento comenzó el culto a dicho santo en la ermita. Hermua cobró 176 reales por la talla de San Roque. Se trata de una escultura exenta de bulto redondo, de 55 cms. de ancho, 99 cms. de altura y 31 cms. de profundidad. Esculpida en madera y estuco y posteriormente policromada. El santo está representado en su iconografía habitual, con un ángel que le toca la herida del pie, teniendo un perro al lado.
Cristo Crucificado. Está al fondo de la ermita, en el bajocoro y a la izquierda de la puerta de entrada. En el lugar donde se ubica estuvo otro Crucificado que fue robado, y es entonces cuando pusieron esta imagen que estaba en la sacristía. Tiene 125 cms. de altura y 16 cms. de fondo. Es de madera y está policromada esta imagen de Cristo de bulto redondo. Se trata de una escultura muy expresiva, sobre todo en el rostro, catalogándose dentro del estilo barroco popular, siglo XVII.
Virgen María. Se encuentra en la sacristía esta pequeña escultura de 65 cms. de altura. Es una virgen jovencita, que se muestra sin niño, y que fray Pedro de Anasagasti sugirió que podía tratarse de una Anunciación. Solamente se le ven la cabeza y las manos, ya que el resto de los miembros están ocultos por los tejidos. El torso está muy estropeado y la parte inferior de la imagen está apolillada. En la zona de la cintura se pueden apreciar restos de policromía y algunas líneas del modelado. Tiene peluca natural oscura y abundante, mientras que el rostro se parece a una muñeca. Es de estilo rural pudiendo catalogarse en el siglo XVIII.
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Inventarios de los bienes de la ermita |
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Del año 1627. Primeramente, una cruz de plata labrada con una camisuela de lienzo al pie y mas otra del mismo para mudar, y un cáliz y patena de plata lisa y llana, el cáliz de buen tamaño....Yten, unos corporales llanos buenos con su funda y tafetán de carmesí. Yten, un misal y otro libro de coro. Yten, dos pares de vestimentas, la una de damasco colorada.... y la otra, morada vieja con cenefas... y sus albas de lienzo.Yten, una casulla de lienzo sin alba con manipulos.Yten, dos antialtares de goadamacil nuevos, y una sábana de lienzo con cenefas de seda buena, y otra de lienzo de la tierra....y cuatro sábanas de lienzo de la tierra viejas, y dos manteles de lienzo y tres cobertores de aras, y tres paños de altar pequeños para lavar las manos los sacerdotes que están en misa, y dos cobertores de cáliz. |
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Además de lo relacionado, los cofrades de la ermita de San Vizente, le compraron a Bartolome de Olazabal un manzanal en 1568. |
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Del año 1640 se ha seleccionado lo siguiente: Primeramente, una cruz de plata. Yten, tres cálices. Yten, una campana mayor. Yten, otra campanilla para tocar... Yten, tres misales buenos y otro viejo. Yten, un terno blanco, casulla, dalmática, estolas, manipulos, frontal y facistol. Yten, dos casullas ordinarias. Yten, tres frontales de guadamacil. Yten, siete sábanas... dos corporales. Yten, dos albas. Yten, una lamparilla de estaño. Yten, tres antealtares. Yten, la casa de las seroras, la huerta y robledal... |
Ermita de Sallobente - Ermuaran
Esta ermita del barrio rural de Sallobente-Ermuaran se encuentra en las faldas de la sierra de Muskiritzu, a dos kilómetros y medio aproximadamente de Kalegoen, plaza mayor de la villa,
La ermita de San Lorenzo consta de plano rectangular, una única nave y tejado a dos aguas. Unos gruesos muros sostienen el edificio, que en su parte baja tiene cada dos aspilleras abocinadas, que después de haber estado cegadas durante muchos años, han sido abiertas en la última restauración. Asimismo, en la parte superior del muro izquierdo se abren cuatro ventanas adinteladas.
La entrada está articulada por un dintel realizado con sillares calizos en el exterior y por un arco carpanel en el interior. Este dintel de entrada está sostenido por el muro, teniendo a cada lado de la puerta sendas aguabenditeras calizas, en el exterior, y encima de esos recipientes, hay dos cruces pequeñas grabadas en relieve. Además de lo dicho, existe un pedestal en el lado derecho. Al parecer, cuando llevaban y traían la imagen de San Lorenzo a la parroquia para participar en la procesión del día de Corpus, en este pedestal reposaba la imagen mientras recitaban algunas oraciones.
El presbiterio al estar algo más alto que la nave, su incorporación se realiza por tres escaleras. Ahí se encuentran el altar y el ambón, y atrás el sagrario. El muro plano del ábside tiene un gran valor histórico, ya que en él estuvieron superpuestas en capas, pinturas murales de tres épocas diferentes. En ese mismo muro se encuentra incrustada escoria de ferrería, por lo que podemos concluir que para entonces estaba en funcionamiento la ferrería de Ermua. Las pinturas que permanecen en el mismo ábside son las más antiguas, datables en la Edad Media (siglo XIII); por su parte, las restantes se levantaron de este muro del ábside, estando hoy en día instaladas sus muestras en paneles en el lienzo o pared derecha. En el centro del ábside está colocado un Crucificado y en la parte derecha del presbiterio, en una mesa, la imagen del patrón San Lorenzo.
El coro está trabajado en madera, teniendo como elementos sustentantes dos pilares. En el pilar derecho están colocados un objeto decorativo y una aguabenditera. En el muro trasero de este bajocoro hay una escultura de Cristo interesante desde el punto de vista artístico. La incorporación a la torre de campanas se realiza por el coro.
Los pasillos centrales y laterales de la ermita, así como el espacio delantero de la nave y la entrada están cubiertos con losas de pizarra. El resto del piso tiene baldosa rojiza. Por su parte, el presbiterio conserva la baldosa antigua. Es de mencionar que las losas del pasillo central se trajeron del antiguo molino de Garagartza.
La espadaña cobija dos campanas. El gasteiztarra Ignacio Murua, fundió la mayor en 1889, teniendo una pequeña cruz grabada encima del metal. La pequeña, por su parte, se fabricó en 1820, teniendo grabadas las siguientes inscripciones: JHS, MARIA, JOSE y una pequeña cruz.
Obras. La ermita de San Lorenzo ha conocido muchos cambios durante su larga historia. Examinando el edificio, podemos ver que antiguamente fue más bajo en cuanto a altura se refiere; concretamente hasta la tabla que está en el abside, y en el muro izquierdo hasta la altura de la base de la ventana que se encuentra junto al presbiterio y ábside. Tanto en uno como en el otro, el grosor del muro como el mismo material son diferentes. La citada ventana se abrió en el año 1666. Anteriormente, había muy poca luz en el interior de la iglesia, no teniendo más iluminación que la débil claridad que proporcionaban las seis saeteras, las lámparas de aceite y las velas.
Aún teniendo abundante información recopilada en los archivos, sobre las obras llevadas a cabo en la ermita, con el fin de no ser prolijo, seleccionaré las más significativas: En 1565, el cantero elgoibarrés (seguramente del barrio) Pedro Urreategi realizó una serie de trabajos dentro de la ermita, cobrando por ello la considerable cantidad de 80 ducados. En 1599, Domingo Hermua, cantero, natural del mismo barrio rural, construyó la portada, cobrando por ello 26 ducados. En 1613, el también cantero elgoibarrés, Domingo Arriola, construyó la torre de campanas a cambio del cobro de 12 ducados. Esta misma torre tuvo que ser reparada y restaurada en los años 1668, 1724, 1745 y 1748. En 1706, Antonio Zendoia hizo un púlpito nuevo teniendo un valor de 126 reales. En 1712, se hicieron obras de renovación del pórtico, y reconstruyeron también la pared que el 9 de diciembre del año anterior fue derribada por una tempestad. En 1736, Cristóbal Elorza construyó el coro, cobrando 100 reales por su trabajo; los 23 balaustres que hizo para dicho lugar fueron valorados aparte por Domingo Orbea, en 63 reales. Es reseñable, que este carpintero-ebanista elgoibarrés, ejecutó estos trabajos, juntamente con dos compañeros, en la casa de nueva construcción sita frente a la Casa Consistorial en Kalegoen, en 1765. El 9 de octubre de 1740, se encontraban construyendo la nueva sacristía y, al no disponer de dinero la ermita, para poder finalizar esta obra, el Ayuntamiento realizó una aportación de 300 reales. Al construirse esta nueva sacristía, abrieron una puerta de acceso a ella en la pared del ábside, de tal forma que quedaron destruidas las pinturas murales que estaban en este espacio.
A finales de enero de 1887, se dice en el libro de actas del Ayuntamiento que se había reconstruído recientemente la torre, decidiendo el Concejo que el censo o préstamo de 30 ducados que había dado un vecino del barrio se utilizara para pago del coste del nuevo campanario. Esta nueva torre permaneció poco tiempo, puesto que varios vecinos de la barriada, el 18 de julio de 1892, solicitaron del Ayuntamiento ayuda económica para la nueva torre que pensaban construir, con un coste de 1.000 pesetas. El Concejo les concedió 125 pesetas, recolectándose el resto de la deuda entre los vecinos, mediante la imposición de una cuota a cada casa-caserío del barrio. De la misma forma actuaron dos años después con la construcción de la nueva bóveda, aunque entonces la cantidad a pagar fue de 524,22 pesetas. En 1898, se instaló un nuevo suelo en la ermita, pagando por ello 2.327 pesetas.
En el año 1904, además de comprar e instalar nuevos retablos en la ermita (más adelante nos ocuparemos de ello), arreglaron el suelo, blanquearon las paredes, adecentaron la bóveda y colocaron asientos y balaustres nuevos. En 1929, compraron un reloj nuevo en Vitoria-Gasteiz para la torre-campanario, pagando por ello 1.470 pesetas.
Altares y retablos Por lo menos desde comienzos del siglo XVII, la ermita de San Lorenzo contó con tres altares, cada uno con su correspondiente retablo e imagen/es. Estos fueron lo siguientes: 1) El altar dedicado a San Lorenzo, con su retablo y escultura correspondiente, en la mitad del presbiterio; 2) El altar y retablo de Jesucristo y San Esteban, con sus esculturas, en el lado derecho; 3) El altar y retablo de la Virgen (dos, una de ellas podría ser Santa Isabel), con sus esculturas, en la parte izquierda. Posteriormente, San Esteban, Santa Isabel y San Lorenzo ocuparon los tres altares y retablos, sobresaliendo sus esculturas en dichos marcos.
El maestro escultor Juan de Alloitiz (miembro de una familia de escultores, figurando entre sus obras el retablo de la iglesia de Errigoitia), esculpió el retablo de San Lorenzo en 1608 y, antes de ello, diseñó dos dibujos de ese mueble que se conservan. Este artista natural de Forua (Bizkaia), ejecutó en madera de cerezo este retablo clásico, esculpiendo él mismo la escultura de San Lorenzo, que la colocó en medio del mismo. Alloitiz cobró 56 ducados por el retablo y la escultura. Según el contrato suscrito el retablo debía de tener 11 pies (3,06 metros) de altura y 6,5 pies (71,50 cm) de ancho, además de pedestal, cuatro columnas con capitel corintio, friso y frontón; por su parte, la escultura de San Lorenzo, revestido de diácono, debía estar situada en un arco de medio punto entre columnas, y la de Dios Padre en el tímpano del frontón. Dos años más tarde, el sacerdote pintor Pedro Etxebeste (realizó varios trabajos en la parroquia de San Bartolomé de Olaso), pintó esta imagen y retablo, cobrando por ello 80 ducados.
En 1748, Fernando Arizpe, maestro escultor eibarrés, reparó el retablo y también la escultura de San Lorenzo que esculpió Alloitiz, además de la ventana de la sacristía. Arizpe era un artista reconocido en esta época, puesto que participó en el retablo mayor (3º y 4º registros y ático) y en el Descendimiento de la parroquia de San Andres de Eibar, juntamente con el acreditado escultor Hilario Mendizabal, así como en uno de los retablos de la ermita de Azitain junto con Joaquin Unzetabarrenetxea.
En 1904, los sallobentetarras compraron tres retablos nuevos de estilo neoclásico dedicados a San Lorenzo, San Isidro y la Santa Cruz (más tarde sustituida por la Virgen del Rosario). Dichos retablos tuvieron un coste de 1.000 pesetas, mientras que por las esculturas se pagaron 821 pesetas. Cuando en 1989 se quitaron estos altares con la intención de hacer trabajos de saneamiento y restauración, quedaron al descubierto las pinturas murales del ábside y, entre ellas las más antiguas, de estilo gótico, es decir, de la Baja Edad Media. De tal forma que, al carecerse de documento escrito de fundación de la ermita, ese documento arqueológico (pinturas murales góticas) nos es de gran ayuda para poder datarla, concluyendo los expertos que esta ermita de San Lorenzo de Ermuaran-Sallobente pudo fundarse en el siglo XIII.
Esculturas. Hoy en día en la ermita existen las siguientes esculturas: San Lorenzo (dos imágenes), la Inmaculada Concepción, el Crucificado del bajocoro y el Crucificado de la sacristía.
San Lorenzo: Se encuentra al lado derecho del presbiterio. Está esculpido en madera y policromado. El maestro escultor de Forua, Juan Alloitiz, la esculpió en 1608, siguiendo el modelo iconográfico tradicional, con la parrilla. Es de estilo barroco. La segunda imagen de San Lorenzo está en medio del presbiterio y es más reciente, del siglo XIX, de estilo neoclásico.
Inmaculada Concepción: Se encuentra en el muro del ábside. Es de estilo barroco, siglo XVIII. Se dice que dicha imagen se trajo de la iglesia de San Francisco, antes de derribar dicho edificio en 1924.
Crucificado 1: Se encuentra en el bajocoro. Está esculpido en madera y policromado, teniendo las siguientes dimensiones: 180 cm de altura, 105 cm anchura y 17 cm de profundidad. En cuanto al estilo artístico, se le sitúa en el gótico, en torno al siglo XIV.
Crucificado 2: Es una pequeña figura incluida en un pequeño retablo que se encuentra en la sacristía, teniendo un único registro con características clasicistas. Tanto la escultura como el retablo son de madera y están policromados, siendo de estilo renacentista, siglo XVI.
Debemos de referir también acerca de este tema, que en el año 1978, dos esculturas góticas, concretamente las imágenes de San Esteban y Santa Isabel, fueron vendidas, lamentablemente, por el mayordomo, en 7.000 pesetas.
Pinturas murales. En 1989 con el fin de ejecutar trabajos de restauración dentro de la ermita, al retirar del presbiterio los tres retablos dedicados a San Lorenzo, San Isidro y la Virgen del Rosario, quedaron al descubierto unas pinturas decorativas que cubrían la superficie del muro del ábside. Aunque, antes de ello, cuando estaban picando el muro de la izquierda, en su parte superior, aparecieron a la vista unas tablas pintadas. Se trata de dibujos geométricos decorados con elementos vegetales de color negro, amarillo oscuro y blanco, en el que también hay unas figuras humanas. A continuación de dicho descubrimiento, intervinieron los responsables del patrimonio del Obispado y de la Diputación, enviando un grupo especializado para ocuparse de las tareas de análisis, saneamiento y conservación, realizándose también dichos trabajos especializados en el taller de restauración de Arteleku. Después de siete años, a mediados de octubre de 1996, lo/as restauradores/as colocaron en el muro derecho de la ermita, en unos paneles, dos capas de pintura que recogieron con cuidado y técnica minuciosa (las más recientes), quedando en el muro del ábside la muestra más antigua, precisamente la de la Edad Media. Conviene señalar que durante unos cuantos siglos, detrás de estos retablos permanecieron tres capas de pintura superpuestas de otras tantas épocas diferentes.
Conjunto A: En la pared derecha los paneles que están en las dos esquinas constituyen el conjunto A. En cuanto al tema se representan dos hornacinas y dos puertas. Respecto del material de cubrimiento, parece ser que utilizaron un mortero de bastante mala calidad, compuesto por cal, arena o arcilla. De cualquier forma, esta capa tiene también estucos finos realizados con yesos y cales, policromados. En cuanto a la técnica, estas imitaciones de arquitecturas clásicas están pintadas con trazos simples y textura basta, siendo las guirnaldas las de mayor valor. Respecto del color, el pedestal de la hornacina y el dintel están pintados en rojo; las columnas, el entablamento y los arcos en verde claro; y las enjutas en verde oscuro. Por otra parte, en cuanto a las puertas, el marco del dintel en marrón, la parte trasera de la puerta izquierda en blanco (como si fuera una verdadera puerta); el panel de la derecha, por su parte, conserva el verde en algunos puntos. En cuanto al estilo se refiere, el artista siguió los principios neoclásicos, imitando entablamentos, columnas y arcos clásicos. Se habrían ejecutado estas pinturas entre mediados del siglo XVIII y el siglo XIX, y seguramente fueran realizadas en dos plazos. Con respecto de los pintores que pudieron tomar parte y sus circunstancias, tras consultar el libro de mayordomía de la ermita (1646-1746), se han encontrado las siguientes referencias: -en 1733, un pintor anónimo decoró la imagen de San Lorenzo; en 1739, al construirse la sacristía nueva, abrieron una puerta en el ábside, destruyéndose las pinturas murales de ese espacio; en 1744, Francisco Arana hizo una doradura y pintó un frontal para el altar. (Dos años antes, el mismo Arana había trabajado en la ermita de San Pedro de Elgoibar, renovando las pinturas del ábside. Y debemos recordar, que su hermano Ignacio Arana, entre otros quehaceres, pintó los cuatro doctores de la Iglesia Católica ubicados en las pechinas de la parroquia de Kalegoen, y la figura de Santiago para la ermita de San Pedro); en 1751, el dorador y pintor Antonio Ventura Elorza (hijo del gran rejero Antonio Elorza), decoró el altar mayor; y por fin, en 1869, José “Alias Arribels”, realizó trabajos de albañileria y pintura, entre los que se citan los altares y los bultos (figuras).
Conjunto B: Respecto al tema, decoración vegetal, grutescos y simples decoraciones geométricas son las que se conservan de este conjunto. En los grutescos se representan formas curvadas y volutas, temas vegetales y geométricos, estilizados. Se encontraban en el centro del ábside, formando un conjunto de pocas figuras. Hoy en día, estas pinturas se han instalado en el panel central de la pared derecha. Respecto del material de cubrimiento, se trata de un estuco compuesto por cal y yeso, y encima de esta capa se extiende una de fina y rica decoración, aunque mal conservada. En cuanto a la técnica, según los expertos, estas son las mejores pinturas de la ermita de San Lorenzo, Según ellos, atendiendo a su factura se deduce que las ejecutó alguien con formación cultural y mano hábil. Respecto del color, son más bellos comparando con los demás: principalmente los rojos y negros. La utilización del pigmento rojo (parece ser una laca cara) en esta decoración mural, demuestra que se tuvieron en cuenta criterios de calidad. En cuanto al estilo, los investigadores han situado estas pinturas dentro del estilo plateresco (renacimiento) decorativo del siglo XVI.
No podemos dejar de mencionar las pinturas figurativas, geométricas y vegetales que están en la pared izquierda (sobre una tabla y en un soporte cubierto por una capa de cal), que pueden ser de esa misma época o, quizás, góticas. Según los expertos, esas pinturas pueden ser muy importantes desde el punto de vista iconográfico, manifestando hace ya varias décadas, el propósito de investigarlas en otra campaña.
Conjunto C. En cuanto al tema, se trata del friso cinético geométrico que se encuentra hoy en día en la pared del ábside, es decir, en el mismo espacio donde se pintó. Este conjunto lo componen cubos geométricos o rombos y formas en ajedrez tridimensionales o en perspectiva. Respecto del material de cubrimiento, el muro de mampostería está cubierto por un mortero de cal limpia, y encima de esa capa de mortero hay un raseado de cal de color blanco. En cuanto a la técnica, manifiestan que se utilizaron las del fresco y del seco. Aunque el tema y la técnica sean simples, se muestra que el pintor dominaba su trabajo por el método preciso y cultivado que utiliza. Respecto del color, los rombos están pintados en blanco, gris y negro, y el único pigmento que se usó en este conjunto fue el polvo de carbón vegetal, de tal forma que para obtener el gris diluían con más agua dicho polvo. En cuanto al estilo y tema, este conjunto pictórico pertenece al estilo gótico, respondiendo al gusto estético de la baja Edad Media (Siglos XI-XV). Según los especialistas, dentro de la abstracción geométrica, se trata de unas pinturas hermosas y muy interesantes. Semejantes o practicamente iguales a éstas son las que se encuentran en la iglesia del Museo del Pueblo Gallego de Santiago de Compostela, en Castillejo de Robledo de Soria, en Santa María de la Huerta de Guadalajara y en el castillo de Marcilla.
Eudal Guillamet, experto, reconocido a nivel internacional, nacido en Andorra y director-restaurador de estas pinturas murales de San Lorenzo, dijo en su día que exceptuando las pinturas de Ekain, Altxerri y algunas otras cuevas, en Gipuzkoa, en este momento, estas pinturas góticas de Ermuaran-Sallobente son las más antiguas. Asimismo, Guillamet incidía en la enorme importancia que se daba en Europa a esta clase de manifestaciones pictóricas medievales, por la evidente escasez de ellas en nuestro continente. Por ello, todo lo que se puede salvar es de una gran importancia para nuestro patrimonio, constituyendo estas pinturas una referencia histórica importante para conocer mejor el contexto socio-religioso de nuestros antepasados.
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Inventario de los bienes de la ermita |
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Del año 1606: Primeramente el cuerpo de la iglesia con tres altares, en el medio la imagen de San Lorente en su tabernáculo y a la mano derecha la imagen de nuestro señor Jesucristo resucitado... también en su tabernáculo, y a la misma parte la imagen de San Esteban en su tabernáculo, y a la otra parte dos imágenes de Nuestra Señora en sus tabernáculos. Ytem un Agnus Dei en su cerco de madera .., y una cruz en el altar de San Lorente. Ytem dos campanas ...y una campanilla ... y una rueda de campanilla ... y dos vinajeras y un aguamanil... Ytem una cruz de plata...(1582. urtean Deban bizi zen Juan Matusin maisu zilargileak egin zuen, eta 10 marko: 2.300 gr.ko pisua zuen.). Ytem dos cálices, el uno dorado en medio y en los extremos con su patena, y el otro menos dorado en los extremos con su patena dorada en los extremos. Ytem una casulla de damasco y bordado de oro con la imajen de San Lorente con su cenefa..., con su estola y manipulo...Ytem mas otra casulla..., con estola y manípulo. Ytem un sobrecaliz de tafetán. Ytem dos corporales de Holanda...Ytem más dos corporales pequeños... y un sobrecaliz de velo... Ytem dos misales el uno nuevo y el otro viejo del obispado. Ytem más otro misal escrito de mano de pergamino cubierto de tabla. Ytem un antealtar de damasco carmesí con la imajen de San Lorente...Ytem otro antealtar. Ytem dos antealtares de lienzo labrados de algodón con sus cintas de seda... Ytem mas dos sábanas que sirven de antealtar... Ytem tres sábanas que sirven de adorno de los altares. Ytem más cuatro manteles... que sirven de antealtares Ytem dos candeleros de hierro.... y más tres altos ... Ytem una lámpara vieja, y tres arcas ... y un archivo... y dos cajones del archivo. Ytem una caldera de cobre grande. Ytem un plato de estaño para pedir limosna. Ytem dos bancos para sentarse. Ytem la casa donde viven las freiras con su huerta al lado y el prado de alrededor y un manzanal mal plantado detrás de la iglesia, y mas otra huerta al lado de la casa, y mas otra casilla al lado de la iglesia para servicio de la cofradia. Ytem un montículo que solía ser manzanal ..... Ytem 40 tajadores de la cofradia y 14 sábanas ..... |
Ermita del barrio Aiastia - San Migel
Cuando los pobladores de los caseríos de los pequeños valles de Zirarda y Aiastia se asociaron para construir la ermita de San Miguel arcángel de la cruz de Berdezkunde, surgió también al mismo tiempo el barrio rural de Aiastia (San Migel). Esta zona se encontraba hasta ese momento en la jurisdicción de Idotorbe (San Pedro).
En 1841 se reunieron los representantes de ambos pequeños valles y crearon una comisión para conseguir los permisos correspondientes (parroquia de Elgoibar, vicario de la diócesis y obispado de Calahorra y La Calzada) y realizar las gestiones necesarias (tierra, dinero, arquitecto, organización del trabajo comunitario y contratación de los profesionales), para ejecutar la obra.
La razón principal que adujeron para construir una ermita nueva, fue la gran distancia que había a la parroquia y a la ermita de San Pedro de Idotorbe. Los representantes aducían que por este motivo algunos vecinos quedaban sin oír la misa del día de fiesta durante la mayor parte del año, y no sólo los ancianos y enfermos, sino también los jóvenes.
La nueva ermita la consagraron el 2 de noviembre de 1845, en la cruz de Berdezkunde. El duque de Granada dio una tierra (de 50 pies = 14 metros de largo y 36 pies = 10,38 metros de ancho) del caserío Berdezkunde, de su propiedad, para construir la ermita.
En cuanto a la arquitectura, la iglesia de San Miguel es un modelo rural tan humilde como digno. El arquitecto bergarés Mariano José de Laskurain, realizó los planos, y los elgoibarreses José Agustín Areta, Juan Domingo Egia y Domingo Muguruza, ejecutaron los trabajos de carpintería y cantería. Aparte de esto, comunitariamente se llevaron a cabo una serie de trabajos, nombrándose en el documento a treinta y ocho personas que realizaron las siguientes labores: habilitar la plaza de la cruz de Berdezkunde y limpiarla, sacar piedra de Morkaiko y de otros sitios, cocer cal, transportar con bueyes o al hombros, troncos, piedra, arena y tejas, construir los cimientos y blanquear las paredes.
Los vecinos del barrio con el fin de poder erigir la ermita no sólo pusieron la mano de obra, sino que ellos mismos hicieron todas las gestiones. En esta labor sobresalieron ocho individuos, los más instruídos porque de los treinta y ocho hombres que debían de firmar el documento sólo seis sabían leer y escribir. Estos fueron los siguientes: Agustín Agote (Berdezkunde), José San Martín (Soroarte), Martin Agote (Orubenagusia), Bartolome Barrenetxea (Borrajena), Bizente Ansola (Irunagasoro), Frantzisko Lizundia (Aiastiatxiki) eta Joan Areta (Mendibelzua). También destacaría, en general, la labor de estos honrados baserritarras de los valles de Berdezkunde y Aiastia, que además de realizar su duro trabajo diario se comprometieron a echarse más a la espalda, participando en la construcción del templo y pagando de sus bolsillos el coste total de la ermita que ascendió a la importante cantidad de 3.385 reales y 29 maravedís. Aunque en nuestros días resulte curioso el pago se hizo en trigo, 12 fanegas al año, liquidándose la deuda en siete años.
Asimismo merece mención especial el maestro de Idotorbe (San Pedro) de aquella época, Nicolás Alkorta, ya que además de colaborar en los trabajos de coordinación y gestión, llevó a cabo labores artísticas y artesanales, como las siguientes: -construir y pintar el altar mayor; -el marco del altar mayor, para el adorno del frontal pintado en azul; -labrar la tarima del altar mayor, además de dos atriles: uno para el altar mayor y otro para el coro; -ejecutar la encimera del altar mayor; -colocación de los dos altares de los costados del lado de la epístola; -poner las cenefas de las paredes y ventanas y pintar el púlpito; -tallar las cruces del vía crucis, así como otra para el altar mayor; -preparar dos peanas para procesionar las imágenes de San Juan y San Miguel y otra para la cruz mayor;-ejecutar la cruz hecha para guía de la procesión; construir la chimenea de la sacristía; -blanquear y pintar la sacristía; -decorar las encimeras de los dos altares menores; -pintar el Santo Cristo de altar mayor; San Miguel y su morrión. (Informe de Nicolás Alkorta: MEMORYA. De las diligencias y obras que los é echo de gracias, yo, Nicolás de Alcorta, Maestro de Escuela al presente en el valle de San Pedro, juridisción de esta villa de Elgoibar, que se principió la Plazuela el día 16 de Marzo de 1845, la Hermita a 26 de Maio y fue consagrada por el vicario foráneo, Dn. Miguel de Ascaray, el día 2 de Noviembre del mismo año de 1845, siendo Maiordomo, Benito Ansola. GPAH, 1/4480/365-368. P. ARRIETA: San Migeleko ermitaren 150. urteurrena. 1845-1995).
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Miembros de la hermandad para la construcción de la ermita. |
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Nombre y apellido. |
Caserío |
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Benito Ansola (mayordomo). Sabía escribir |
Belarreta |
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Bautista Agote, y su hijo Agustin (miembros de la comisión). Sabían firmar. |
Berdezkunde |
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Agustin Mugerza |
Berdezkunde |
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Juan Domingo Egia |
Urkaregitxiki |
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José San Martin (miembro de la comisión) |
Soroarte |
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José Zubizarreta |
Sagarraga |
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José Garagarza |
Belaustegi |
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Martín Agote (miembro de la comisión) |
Orubenagusi |
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Pedro Urristi |
Orubetxiki |
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Domingo Garate |
Mugertzagoikoa |
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José Manuel Arrizabalaga |
Mugertzabehekoa |
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Bartolome Barrenetxea, y su hijo Miguel (miembros de la comisión). Sabían firmar |
Borrajena |
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Vicente Ansola (miembro de la comisión). Sabía firmar |
Irunagasoro |
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Benito Arrizabalaga |
Oatxiki |
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Francisko Atristain |
Erreketa |
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Domingo Bernedo. Sabía firmar. |
Altzatetxetxo |
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Juan Antonio Osoro |
Belartondo |
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Pedro Barrenetxea |
Altzate |
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Francisko Barrenetxea |
Altzatenagusia |
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Francisko Lizundia (miembro de la comisión) Sabía firmar. |
Aiastiatxikia |
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Vicente Berasaluze |
Bertutesoro |
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Isidro Arriola |
Talaia |
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Domingo Arriola |
Talaia |
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Juan Areta (miembro de la comisión). Sabía firmar. |
Mendibelzua |
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Juan José Alberdi |
Olazarragatxikia |
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Eusebio Irusta |
Olazarragatxikia |
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José Agote |
Zirardaberria |
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Batista Agote |
Zirardanagusia |
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Francisko Ant. Bernedo |
Zirardanagusia |
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Martín Mugerza |
Zirardatxikia |
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Martín Bernedo |
Zirardatxikia |
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Ignacio Egia |
Beoain |
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Ignacio Azkoitia |
Mala aldapa etxe berria |
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José Galdos |
Zumeta |
El 12 de mayo de 1845, firmaron el contrato Areta y Muguruza, albañil y carpintero, respectivamente, por el cual, para el día de San Miguel de ese mismo año, debían tener terminado el tejado y, de allí a quince días, entregar el edificio.
Tal como hemos dicho anteriormente, la consagración de la ermita tuvo lugar el 2 de noviembre, y los sacerdotes de la parroquia de San Bartolomé y los mandatarios de la villa subieron en procesión hasta la cruz de de Berdezkunde, portando la imagen del arcángel San Miguel para participar en la función religiosa. Esta imagen es precisamente la que está hoy en día en el altar mayor, y fue un obsequio del municipio de Elgoibar.
Siete años después, los vecinos del barrio rural pidieron la celebración de una misa los días festivos, ofreciéndole al sacerdote 26 fanegas de trigo al año y un dormitorio (con cama y mueble) en un caserío cercano a la ermita. Se conserva el contrato que el mayordomo y el sacerdote Hipólito Heredia suscribieron en los años 1847 y 1848. Según dicho documento, el sacerdote Heredia se comprometía a celebrar misa los días de fiesta de guardar, a las nueve horas y, también, de realizar el conjuro entre el 3 de mayo y el 14 de setiembre. Los mayordomos de San Miguel, por su parte, debían de dar anualmente al sacerdote, 24 fanegas de trigo. Se establecieron diez cuotas diferentes para responder a los gastos de la ermita nueva y al estipendio del sacerdote, debiendo de pagar cada caserío la que le correspondía. Cincuenta y seis caseríos participaron en la comunidad cristiana de esta pequeña iglesia de San Miguel, esto es, veintiuno más de los que participaron en la construcción de la ermita. Todos ellos adquirieron el compromiso de recolectar anualmente 33,6 fanegas de trigo, siendo responsabilidad del mayordomo su recogida. Es preciso aclarar que no todos estos caseríos pertenecían al barrio rural de Aiastia (San Migel), siendo treinta y cinco los del propio barrio y los veintiunos restantes, de Etxebarria (Bizkaia) y Mendaro.
Asimismo, merece la pena nombrar el santutxo de San Miguel, que se encuentra junto a la carretera y al par de la ermita, cuyo pequeño edificio tiene por misión el recordar la existencia de la ermita a los transeúntes y la invocación de alguna oración.
Esculturas. La ermita de San Miguel cuenta con las siguientes esculturas: San Miguel, la Dolorosa, San Antonio de Padua, San Isidro, San José con el niño, San Juan Evangelista y una pequeña cabeza. De estas imágenes destacan la talla de San Miguel, que se encuentra en el altar mayor, y la de San Juan Evangelista, en la sacristía.
Con respecto a la figura de San Miguel, los vecinos del barrio solicitaron al Ayuntamiento el 21 de setiembre de 1845, cuando todavía se estaban ejecutando las obras de la ermita, que se les cediera una antigua imagen del santo, aceptando la petición el organismo municipal. Esta escultura estuvo en el altar de San Miguel que estaba al comienzo de una de las dos naves laterales de la anterior parroquia de Olaso, ubicándose en este lugar la fosa de enterramiento de los sacerdotes. Luego, una vez derruida la iglesia de Olaso en 1776, se trasladó esta imagen a la de San Bartolomé de Kalegoen y, como antes se ha referido, las autoridades religiosas y civiles la llevaron en procesión a la nueva ermita erigida en la cruz de Berdezkunde, el 2 de noviembre de 1845, día de su consagración.
Se trata de una escultura policromada de madera. El arcángel se presenta con armadura y una pequeña capa, portando un escudo pequeño y espada, teniendo el diablo a sus pies. Mide 135 cms. de altura, 77 cms. de anchura y 40 cms. de profundidad. Esta imagen y el retablo del altar de San Miguel de Olaso, donde estuvo instalada, fueron realizados en 1617 por el elgoibarrés Simón de Hermua, siguiendo cánones del estilo barroco.
San Juan Evangelista. La escultura de San Juan Evangelista que se encuentra en la sacristía fue un obsequio del convento de Santa Clara a la iglesia de San Miguel, en 1845. Es de estilo romanista, entre los siglos XVI-XVII. Se trata de una talla policromada. De pie y descalzo, el santo tiene una túnica blanca y un manto rojo en el cuerpo y, en una mano, una copa probablemente con una culebra (símbolo del veneno). Según la leyenda aúrea, eso era lo que el predicador debía de tragar para mostrar que era verdad. En la mano derecha tendría la palma del martirio, aunque hoy en día carece de ella. Su cabeza es expresiva, sin barba y con abundante pelo rizado. Por último, señalar que se trata de una figura proporcionada, con las siguientes medidas: 135 cms. de altura, 50 cms. de ancho y 35 cms. de profundidad.
Como colofón apuntar que la espadaña cuenta con una única campana, que lleva la siguiente inscripción: “SAN MIGUEL DE ELGOIBAR AÑO 1889”, “IGNACIO MURUA”.
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Ornamentos que se pusieron en 1845 cuando se construyó la ermita, los vecinos y sobre todo, el maestro Nicolás Alkorta, anduvieron pidiendo la voluntad en los conventos de monjas del entorno, para su adorno. |
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Diligencias o limosnas que los e recogido yo, Nicolás de Alcorta, por las Señoras Religiosas de varios pueblos, para el adorno de los altares de la hermita de San Miguel. Primeramente en las Señoras Religiosas de Santa Cruz de Azcoitia, un frontal de seda blanca, un mantel, un amito, un purificador. Iten. En las Señoras Religiosas de Santa Clara de Azpeitia, una alva desente con su encaje de cerca de media bara. Iten En el convento de las Señoras Religiosas de San Agustin de Mendaro, un mantel y una tobajila para el lababo. Iten En las Señoras Religiosas Recoletas de Eibar, un mantel. Iten En el conbento de las Señoras Religiosas de Santa Clara de Vergara, una casulla blanca con su estola y manipulo, un bonete, dose purificadores bolza blanca para corporales un belo blanco para el caliz y dos estampas grandes, la una de la bisitacion de Santa Isabel y la otra de Maria y Jose con su niño Jesus al medio. Iten En las Señoras Religiosas de la enseñanza de Vergara, un mantel con su tobajilla un purificador y un cingulo. Iten En las Señoras Religiosas de Santa Clara de Elgoibar, un altar sobredoria con el bulto de San Juan Evangelista. Iten En casa de Don Bernardino de Urruzuno, dos frontales. |
Antiguas escuelas del padre Agirre. Centro Cultural
El colegio se construyó en 1892 en el centro de la villa, en el mismo lugar donde estuvo el convento de San Francisco (1516-1840). Para ello, el Ayuntamiento tuvo que pagar al Estado por la transmisión del desamortizado antiguo convento 13.999 pesetas y 34 céntimos, en un plazo de tres años, consiguiendo de esta manera su propiedad. Juntamente con el edificio de las escuelas, se urbanizó el entorno y se creó la plaza en los años cuarenta del siglo XX, dándole la denominación de Padre Agirre (1863-1941), en honor del obispo misionero elgoibarrés.
El Ayuntamiento a finales de abril de 1890, recibió la cesión de la propiedad, firmada por la reina regente Maria Cristina y, en diciembre del mismo año, se emitió el oportuno real decreto autorizando la construcción del colegio. La decisión de los elgoibarreses era firme, ya que hacía tiempo que tenían decidido la erección de un nuevo y decoroso centro escolar en el lugar que ocupó el viejo convento. La demolición de este vetusto edificio tuvo lugar a principios de 1891, no obstante, su iglesia anexa de San Francisco permaneció en pie hasta 1925.
Las obras para la construcción del nuevo colegio dieron comienzo en mayo de 1891, siendo Manuel Etxabe, arquitecto que redactó el proyecto de la catedral del Buen Pastor de Donostia-San Sebastián, entre otros edificios, y el contratista, Miguel Loiola, quienes dirigieron su ejecución. Los alumnos elgoibarreses tuvieron la suerte de poder inaugurar las nuevas aulas durante el curso 1892-1893.
Desde entonces, esta escuela, además de ser centro educativo de muchos alumnos/as de diferentes generaciones, fue sede de la Escuela de Artes y Oficios, Academia de Música, local de ensayo de la Banda de Música y de otras muchas actividades. En el año 2019 se reformó este edificio, para habilitar la actual Casa de Cultura, en la que se ofrecen diferentes servicios, tales como los afectantes al Área de Igualdad, Cultura y Euskara, Biblioteca, Asociación Elgoibarko Izarra y también el semanario Barren.
El citado arquitecto provincial, Manuel Etxabe optó por un estilo historicista para diseñar estas escuelas de Elgoibar, concretamente el neoclásico. Como se puede apreciar, este edificio transmite equilibrio, simetría y sensación de monumentalidad.
Frontón de Kalegoen
Se encuentra en la plaza de Kalegoen, cerrando el flanco occidental de la plaza mayor de la villa.
Es un frontón abierto y construído en sillería de piedra caliza, teniendo las siguientes dimensiones: 26,70 metros de largo, 9 metros de alto y 10,70 metros de ancho. El arquitecto bergarés Mariano José de Lascurain realizó el diseño y Sebastián Barrenechea la obra, en 1863. Para su construcción se emplearon losas de las canteras de Moru y de Otola de Eibar.
El anterior frontón que estuvo en el mismo Kalegoen, se construyó en 1751 siendo tres cuadros más cortos que el actual y la pared izquierda más baja, puesto que llegaba a la ménsula del balcón del ayuntamiento. La construcción del frontón supuso el cierre del lateral oeste de la plaza barroco-neoclásica.
El construído a mediados del siglo XVIII, fue realizado según diseño de Domingo de Aizpitarte y bajo la supervisión de los arquitectos José de Zuaznabar y Francisco de Ibero. Respecto del material constructivo, utilizaron la piedra de sillería de la espadaña desmontada de la nueva parroquia, una vez que comenzaron a levantar la actual torre, así como piedra de la cantera de Momiola. Después que allanaron el suelo, lo cubrieron con losas de Eibar y remataron con piedra de Momiola. Unas bolas de piedra decoraban la cumbre del frontis, cuya pared estaba en línea con la casa que albergó el café Amistad (hoy, centro administrativo municipal). Las dos construcciones delimitaban la plaza por aquel flanco, quedando un paso hacia el puente de 15 pies (4,5 metros aproximadamente) de ancho.
Detrás del frontis de ese primer frontón existía un espacio libre, con camino de bajada al río, donde las mujeres solían limpiar la ropa. Ese lugar, precisamente, le vendió el Ayuntamiento a Domingo de Muguruza para edificar una casa en 1833, que fue construída siguiendo los planos del arquitecto Mariano José de Laskurain. De tal forma, que para construir el actual frontis a la vera del río, se tuvo que derribar la casa de Muguruza, treinta años después.
El 30 de junio de 1834, el valle del Deba sufrió una gran inundación, de tal forma que en Elgoibar además de perder la vida ocho personas, hubo muchas pérdidas materiales, afectando a molinos, ferrerías, fraguas, plazas, calles y edificios. A consecuencia de ello, una vez finalizada la primera guerra carlista, en 1840, tuvieron que reconstruir la pared izquierda del frontón con piedra de sillería, así como el pavimento, este último con losas de Oiz.
Por fin, debemos recordar que los elgoibarreses fueron muy aficionados a la pelota, siendo cantera de muchos y buenos pelotaris desde al menos finales del s. XIX. Algunos, profesionales y la mayoría aficionados, se forjaron en este frontón, en el Kontzejupe, en el de Ermuaran y en el de Andueza de Kamiñerokoa.
Convento de Santa Clara
Se construyó a raíz de un acuerdo del concejo tomado en el año 1734, en unos terrenos que poseía D. Simón de Muguruza, cerca de la Iglesia parroquial de San Bartolomé, en la entonces Plaza de Kalegoen. Forman un espléndido conjunto de plaza barroca limitada por la Iglesia parroquial, la Casa Capitular, un edificio de viviendas porticadas y un frontón cerrando el espacio hacia el río. El edificio barroco, de planta sensiblemente rectangular, responde perfectamente a la tipología de las Casas Capitulares Vascas. Es obra de los arquitectos Ibero. La planta baja abre los soportales a través de cinco arcos de medio punto, sobre los que se alzan el balcón principal y los laterales. En el centro se yergue el escudo de la villa bajo un tejadillo perpendicular a la fachada, que sobresale por encima del alar. Algunos adornos curvilíneos sobre los dinteles de los cinco vanos del primer piso destacan el carácter barroco de la construcción.
Respecto al blasón portador de los elementos heráldicos de Elgoibar, concedidos por los Reyes Católicos en 1498, está dividido en dos cuarteles. En el primero lleva un castillo almenado y en el segundo tres corazones tomados de la casa solar de Olaso que radicaba en su jurisdicción y era cabeza del bando gamboíno en toda Gipuzkoa. Sostienen el escudo dos leones rampantes, una gran cabeza de monstruo está representada en la parte inferior y un yelmo con penacho corona el conjunto. Todo enriquecido por abundantes elementos pertenecientes al mundo vegetal que se curvan sinuosamente, además de dos cañones que recuerdan sus gestas bélicas.
Iglesia de San Juan Bautista de Altzola
La iglesia se encuentra a la izquierda del río Deba y aproximadamente en el centro del barrio. Aprovechando uno de sus muros está construido un frontón sin pared izquierda. Estos dos edificios y las casas del sacristán y del sacerdote, junto con el muro del río, conforman la irregular plaza de Altzola.
Antes de la construcción de esta iglesia en el barrio de Altzola existía una ermita denominada San Antón y San Juan Evangelista que también contaba con hospital, localizada junto al puente, en cuyo solar se ubicó posteriormente la sucursal del Balneario, primero y el restaurante Zubia, después. Se trataba de una fundación particular realizada por Juan de Lastur, natural de Deba y tesorero real en el siglo XVI.
Asensio de Altzola instituyó en esta ermita de San Antón en 1564, mediante una manda estipulada en su testamento, una capellanía, de 100 ducados y con un interés del 7%, para que todos los domingos se oficiara misa en su barrio de Altzola. El motivo de instituirla era porque los vecinos tenían lejos la parroquia de Olaso y no les era nada cómodo tener que ir hasta allí en verano y mucho menos en invierno.
Pero también los altzolarras tuvieron que esforzarse para erigir la nueva iglesia. Así, el 25 de abril de 1557, se reunieron dieciocho vecinos de la barriada, algunos de ellos grandes comerciantes y hombres de negocios, y cada uno puso el dinero según su voluntad. Entre ellos estaban Andrés de Alzola, que aportó 80 ducados, Domingo de Alzola, 50 ducados, Martín de Andonaegi, 10 ducados, Joan García de Alzola, 12 ducados, Joan de Baluibar, 10 ducados y Pedro de Alzola, otros 10 ducados. En total reunieron una bolsa de 214 ducados destinados para la erección de la nueva iglesia, estando en sus manos la elección del lugar y los detalles constructivos de la misma. Ignoramos qué pudo ocurrir para no llevar adelante este propósito, pero lo que sabemos con certeza es que en aquel momento no se acometió la construcción del nuevo templo.
Sin embargo, en 1584 se dieron los primeros pasos para la erección de la iglesia que hoy conocemos. El obispo de Guadalajara del mejicano “Reino Nuevo de Galicia” e hijo del lugar, Domingo de Altzola, llevará a cabo esta nueva iniciativa. El 4 de abril de ese mismo año, Juan Pérez de Altzola, por orden del citado obispo Domingo, compró un trozo de tierra junto al río y un manzanal que él mismo había examinado, pagando a Juan de Baluibar y a su esposa, Ana de Iribar, 143 ducados, para construir allí la nueva iglesia.
Asimismo, el Obispo fundó en esa misma fecha una capellanía con una renta anual de 200 ducados a nombre de la futura iglesia, aportando para ello un capital de 3.600 ducados. De hecho, en ese documento el Obispo manifestaba que era muy necesaria la construcción de este templo, para que los vecinos de Altzola siempre tuvieran misa. Además, alegaba que muchas veces se habían esforzado los altzolarras por tener una iglesia propia, pero que la pobreza de sus habitantes había impedido su construcción hasta entonces.
El 18 de marzo de 1586 uno de los representantes del obispo, el eibarrés Antonio López de Isasi, se concertó con los canteros Domingo y Juan de Arostegi, para que construyeran la nueva iglesia, así como otras casas en el barrio de Altzola. Los diseños de éstas fueron enviados por fray Domingo desde las Indias, ordenando éste que se debían acometer las obras en el plazo de veinte días (7 de abril), y continuando hasta el día de Todos los Santos. El pliego de concertación era muy detallado, y además de lo antedicho, las órdenes más importantes eran las siguientes:
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Debían contratarse doce oficiales canteros, entre ellos dos aprendices, pagando a cada uno 3,5 reales y la comida por día, y si el representante del obispo lo veía urgente, podían recibir más oficiales.
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El maestro cantero debía percibir 6 reales por día y al final de cada año, 100 reales.
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Uno de los dos maestros canteros debía estar siempre presente en la obra.
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Los maestros y oficiales tenían que disponer de sus herramientas, excepto palancas de hierro, mazas, cubos, palas, grandes azadas, clavos, cuerda, etc., siendo estos últimos a cargo del obispo.
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Los representantes del obispo debían poner los materiales en la obra misma, esto es, cal, arena, piedra...
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En caso de que, finalizada la construcción de la iglesia y casas, y a los catorce años siguientes tuvieran algún fallo, su reparación correría a cargo de los maestros.
Posteriormente, se les informó a los maestros canteros acerca de las características de la construcción de la iglesia, todo ello especificado con gran precisión en lo referente a cimentaciones, muros, contrafuertes, columnas, cabecera, puertas y ventanas, bóvedas, capillas y arcos sobre ellas, gradas del altar mayor, campanario, construcción de la casa parroquial (estilo, altura, grosor, etc.) y materiales.
Sin embargo, parece que el diseño y las orientaciones remitidas por el obispo fray Domingo no se siguieron con exactitud, ya que hubo cambios. Así lo explicaban los maestros canteros Domingo y Joan de Arostegi y Joan de Apoita, manifestando: nos ha parecido que la iglesia está desproporcionada, así en la altura como en la anchura... y asi determinamos esta nuestra traza. (GPAH. 1/1251/3-6, 10-13).
Entre 1586 y 1590 se conservan documentos de pago relativos al transporte de piedra y arena con bueyes o gallupas, a los salarios de canteros y carpinteros, y a los costes de madera, cal y piedra. El tesorero nombrado por el Obispo para fiscalizar las cuentas fue el elgoibarrés Juan Garzia de Arriola, mientras que como encargado del suministro de materiales de obra fue designado Juan de Konportaeta, hermano del fundador de la iglesia, fray Domingo de Altzola. A este último, su hermano le había asignado un sueldo de 50 ducados por año, por lo que, en 1592, Juan Garzia de Arriola le liquidó 200 ducados. También resulta interesante la siguiente información recogida en el documento, por la cual se certifica que, en 1588, el cantero Domingo Hermua, trabajó 254 sillares de piedra caliza para construir la portada de la nueva iglesia.
El Obispo murió en 1589 en el Reino de la Nueva Galicia de las Indias (México), cuando aún no había terminado la obra. A los tres años las obras de edificación estaban paradas por la imposibilidad de poder pagar los materiales y los salarios. Como señalaba Joan de Konportaeta, los muros construidos estaban sufriendo gran daño por la falta de tejado, por lo que recurrió ante el Tribunal del Corregimiento de Gipuzkoa contra Joan Garzia de Arriola, tesorero del Obispo. Asimismo, los representantes de los vecinos de Altzola, Andrés López de Lasalde, Martín Pérez de Mokorona y Joan Pérez de Altzola, también recurrieron a la Justicia, llevando el caso al tribunal vallisoletano de la Chancillería, en su deseo de continuar con las obras de la iglesia.
Cinco años después, los altzolarras decían que se habían reunido en el puente del barrio durante el mes de septiembre, para tratar de resolver el asunto y que habían llegado a un acuerdo sobre el reparto del dinero con los herederos de fray Domingo, con el arcediano de la iglesia de Guadalajara del Nuevo Reino de Galicia de Nueva España, con el prior y las monjas del monasterio de San Agustín del valle de Mendaro (en este convento había dos sobrinas del Obispo), y con Juan de Konportaeta (hermano del Obispo) y su esposa.
En nombre de los vecinos de Altzola, se trasladó a Madrid y Sevilla el vecino Martín Pérez de Mokorona, a fin de realizar gestiones para la adquisición de los fondos del obispo, negocio en el que permaneció 399 días (desde el 1 de enero de 1596 hasta el 22 de febrero de 1597). Parece ser que Mocorona actuó en nombre de los altzolarras, de las monjas de Mendaro y de Konportaeta para realizar las gestiones necesarias para el cobro del dinero, según se puede apreciar en las facturas que han llegado hasta nosotros, negocios en los que colaboró con el arcediano de Guadalajara de Nueva España.
Así se confirma en las facturas que han llegado hasta nosotros, negocios en los que colaboró con el arcediano de Guadalajara de Nueva España.
Gracias a ello, a la iglesia de San Juan Bautista le correspondieron 556.736,50 maravedís, cobrando 331.881,50 maravedís de inmediato y con el compromiso de recibir a los tres años, los 224.855 maravedís restantes. (GPAH 1/1263/39). Por lo tanto, con ese dinero se acabaría construyendo la iglesia, comenzando el culto, probablemente, en 1604. De hecho, el 23 de junio de 1604, víspera de San Juan Bautista, patrono de esta iglesia, se produjeron graves incidentes entre los representantes del Concejo de Elgoibar y los sacerdotes y beneficiarios de Olaso, con los vecinos feligreses del barrio de Altzola.
Posteriormente, los sacerdotes redactaron un extenso informe en defensa de sus derechos, en el sentido de que San Juan Bautista de Alzola debía ser considerada ermita y no parroquia. Este alegato fue leído una semana después en el Concejo. He aquí un párrafo que he recogido de esa exposición, sobre lo ocurrido: : “… notorio es a todos la injuria y agravio que en la víspera y el día de San Juan se hizo a los beneficiados de la dicha parroquia en la iglesia del dicho lugar de Alzola, que por haber ido a decir vísperas y misa…, no solamente no les dejaron decirlas sino que les encerraron en la iglesia… y les cerraron las puertas por de fuera con llave…, por donde fue necesario que el señor alcalde fuese con gente a desencerrarlos, a quien tampoco quisieron entregar las llaves…”.
Soslayando los hechos acaecidos, señalar solamente que los vecinos querían cumplir la voluntad del obispo Domingo de Alzola natural de dicho barrio y principal promotor del nuevo templo, es decir, que se ofreciera culto diario en la nueva iglesia y que, además de tener el Santísimo, pudieran recibir los sacramentos en dicho oratorio.
La verdad es que, al darse actitudes muy enfrentadas, anduvieron litigando ambas partes durante treinta y siete años en todas las instancias, tanto civiles como religiosas. Por fin, el alto tribunal de la Iglesia Católica de Roma, Rota, resolvió el 15 de abril de 1641, a favor de los vecinos de Altzola, dándole categoría de parroquia a la iglesia de San Juan Bautista, aunque aneja a la parroquia de Olaso de Elgoibar. (Executoria ganada por los del Pueblo de Alzola en San Pedro de Roma contra los vecinos de Elgoibar y los Beneficiados de Olasso, en razón de la erección de parroquia de San Joan Bautista, el día lunes 15 de Abril del año de 1641, siendo Papa Urbano VIII, el año 18 de su Pontificado. Anno Domini MDCXXXXI). Este importante documento estuvo en la iglesia de Altzola y hoy se encuentra depositado en el Archivo eclesiástico del Seminario de San Sebastián. El documento consta de 26 hojas, está escrito en latín, a excepción del encabezamiento).
Esta gestión ocasionó importantes gastos; además, el casco urbano de Elgoibar se quemó casi en su totalidad en 1617 y tuvieron que hacer frente también a otros pleitos, lo que llevaron a endeudarse al Concejo, hasta el punto de no poder pagar los préstamos. Asimismo, en esta época se dieron los primeros pasos para poder trasladar la parroquia de San Bartolomé de Olaso a Kalegoen, y tras conseguir los permisos, comenzaron a construir una ermita (1621-1628), en el mismo lugar donde unos años más tarde se construiría la iglesia parroquial. Todo ello no hizo más que incrementar las deudas, de ahí que tuviera que vender el Concejo trozos de los montes comunales para hacer frente a todo lo dicho.
Examinados los libros sacramentales de la parroquia de Altzola, hemos podido observar que el primer bautizo oficial tuvo lugar el 5 de diciembre de 1644, el primer funeral el 23 de noviembre del mismo año y el primer matrimonio el 1 de mayo del año siguiente. Fue entonces, en 1644, cuando la iglesia de San Juan Bautista de Altzola asumió plenamente las funciones parroquiales, y el 21 de mayo del año siguiente, el cabildo sacerdotal de Olaso decidió cómo celebrar los funerales, las novenas, y los otros servicios religiosos. También se delimitó el ámbito de la nueva parroquia, con estos límites: desde Padarisuzubiaga hasta la casa de Altzolabea ambas inclusive, englobando las casas de Beoin, Balluigoitia y Berazaeta.
Sin embargo, antes de la fecha indicada, los altzolarras trataron de contar con la autorización del obispo de la Diócesis, para disponer de los servicios parroquiales de forma provisional. Así, en 1610 se formuló una solicitud para poder enterrar allí, y algunos, al parecer, fueron inhumados. Por ejemplo, en 1613 la viuda de Juan Pérez de Alzola, fue exhumada de la parroquia de Olaso y enterrada en la nueva iglesia de Altzola con el permiso del obispo. Pero, a pesar de este enterramiento en la iglesia de Altzola, tres años después, el capitán mercante Martín de Andonaegi, no obtuvo permiso para enterrar allí a su tía María Miguel, por lo que tuvo que ser inhumada en la capilla familiar de Santa Ana, del convento de San Francisco de la villa. Parece ser que algunos niños también fueron bautizados en 1613. Otro caso excepcional se dió en 1628, cuando el obispo autorizó al sacerdote, Joseph Abad de Egurza, a administrar la eucaristía a enfermos e incapacitados.
Por otra parte, la fundación de cofradías en esta nueva parroquia va a tener lugar más tarde: la del Santísimo Sacramento en 1677, la del Rosario en 1678 y, finalmente, la de la Cruz, muy posterior, en 1752.
El puerto fluvial de Altzola sufrió a mediados del siglo XVIII una crisis comercial que empobreció a los altzolarras, acusando también la iglesia la necesidad de dinero. Así, el mayordomo eclesiástico del año 1755-56, escribió textualmente: "... y con la falta de comercio, hallarse todos reducidos a suma pobreza". Fiel reflejo de esta falta de recursos es el inventario de la Cofradía del Rosario, que sólamente contenía las siguientes joyas, además de baja calidad: un estandarte de damasco blanco, una lámpara de latón, dos candeleros de latón y dos antealtares.
Menos mal, que en ese momento, estaba a punto de llegar una donación que no se esperaba, la cual fue suficiente para hacer frente a los gastos que exigía el edificio y el culto durante años. Así, el 3 de diciembre de 1755, Pedro Bautista de Retana y Laskurain, natural de Mendaro y fallecido en 1744 en el valle de Santiago de la Nueva España de las Indias, dejó una serie de legados a la parroquia y a la barriada. Para atender a las necesidades de la iglesia, el mayordomo recibió en un primer envío, 17.915 reales y 12 maravedís de vellón y para el maestro de escuela, 8.957 reales y 22 maravedís de vellón. En el segundo, por su parte, se recibieron, 1.805 reales y 12 maravedís de vellón para la iglesia y 942 reales y 23 maravedíes, para el pago del maestro.
Con el dinero recibido para la iglesia se pudieron eliminar las humedades, se blanquearon las paredes, se renovaron los suelos del coro y de la nave, se reparó el tejado y se colocaron ventanas y vidrieras nuevas. Con el interés que dio el capital para el pago del maestro, se contrató a Francisco de Kuruzelegui para dar clase a los niños durante cuatro años, debiendo cumplir además con la función de sacristán. Cuatro años después llegó un tercer envío con 2.600 reales para la iglesia y 1.300 reales para la fundación del maestro. Gracias a ello se pudieron acometer las siguientes obras: se hizo la reja del baptisterio, se reparó el tejado de la sacristía y se construyó el suelo de madera, se pintaron los altares, se compró la nueva custodiía y se repararon los tejados del pórtico y del campanario. Por fin, con el cuarto envío, el mayordomo cobró 2.047 reales y 6 maravedís de vellón el 19 de marzo de 1762.
Asimismo, desde finales del siglo XVIII y hasta el XIX, las principales obras y reformas acometidas consistieron en: - Obra del campanario, que en 1795-96 tuvo un coste de 66 reales (como curiosidad se utilizó una carretada de escoria, que procedería, seguramente, de la ferrería Olaetxea de Altzola). – En 1797, se reparó la figura de San Juan Bautista en Eibar, con un coste de 53 reales. – En 1806-1808, sacaron de la iglesia el camposanto, construyéndolo fuera. – En 1820, se realizaron varias obras de gran necesidad, con un coste de 1.280 reales: reparación del suelo, sanear la zanja que rodea el edificio, ejecutar el maderamen de las sepulturas y algunos otros trabajos realizados en auzolan. – El día del patrón de 1827 (24 de junio), la imagen de San Juan estrenó peluca. – En 1828, el pintor Juan Bautista Chiriano pintó los lienzos de los altares del Rosario y de la Cruz, y restauró el Crucificado del altar mayor. – En trabajo vecinal o auzolan, se arreglaron los daños ocasionados por las terribles inundaciones del 30 de junio de 1834 en la iglesia y el camposanto, reconstruyendo, asimismo la casa cural. – En 1838-39, se gastaron 1.971 reales y 7 maravedis arreglando los pórticos y dándoles el aspecto actual.
Desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, tanto el barrio de Altzola como la iglesia, experimentarán una nueva situación económica y social, cuando los bañistas comenzaron a acudir para tomar las aguas curativas. Esta actividad, aunque exclusiva de la época estival, tuvo gran importancia y, por un lado, se crearon puestos de trabajo en los hoteles y pensiones del barrio y, por otro, muchos clientes que eran aristócratas, militares, negociantes y ricos, hicieron donaciones a la iglesia, tanto en dinero como en objetos de culto, que son patrimonio de la parroquia de San Juan Bautista. He aquí algunos ejemplos, y de paso, las principales obras realizadas: -En otoño de 1853, se reparó la losa del pórtico, colocando algunos fragmentos nuevos. -En 1854-55, se reparó la corona de la imagen de San Juan, se hizo el dosel del Crucificado del baptisterio y se pintó el pórtico. -En 1857, se gastaron 1.100 reales en hacer los suelos de las tumbas de la iglesia, el suelo del baptisterio y las mesas de los pequeños altares del Rosario y de la Cruz, para colocar allí las figuras de San Juan y de la Concepción. -En 1858, el mayordomo recibió en obsequios una custodia, una capa, un mantel, un manto para la Virgen, cruces de bronce para los altares y cuadros del vía crucis. - En 1859, se recibió como regalo el trono para la instalación de la custodia, que costó 2.550 reales. – En 1860, se obsequió una nueva imagen de Nuestra Señora, un vestido con tisú blanco, manto azul y corona de plata; este mismo año se amplió el cementerio con la construcción de un nuevo muro. – En 1861, la reina Isabel II regaló un cáliz de plata y otras personas un mantel y un vestido y corona de platino para Nuestra Señora de la Soledad. – En 1863, se recibió el regalo de los cuadros del Corazón de Jesús y Corazón de María. – En 1864, se recibieron los obsequios de las imágenes de Nuestra Señora del Carmen y San José, así como una alfombra y una pequeña campana; también en este año se reformó el pórtico bajo la dirección del arquitecto Santiago Sarasola, que diseñó la nueva torre en 1865. – En 1865, se obsequió a Nuestra Señora de la Soledad con un nuevo altar y con las imágenes de San Antonio de Padua y la Virgen del Pilar (pequeña figura pétrea). – En 1866, se instaló el pequeño retablo del altar de Nuestra Señora de la Soledad, obra del escultor y pintor mutrikuarra José Miguel de Mendizábal, de 640 reales; también este artista hizo una nueva mesa del altar mayor a igual precio, reformando las nuevas mesas y retablos de los altares del Rosario y de la Cruz, todo ello con dinero donado por los feligreses. – En 1867, se colocó en la pequeña torre el nuevo reloj regalado y, dos meses después, se construyó una nueva torreta con cuatro columnillas de madera y una nueva flecha de plomo (chapitel), seguida de una bola pequeña y una nueva y hermosa cruz, y rematando con una veleta, teniendo un coste de 960 reales dichas obras. .- En 1868, el retablo del altar mayor fue reformado y ampliado por el escultor y pintor afincado en Eibar, Serapio Sierra, pagándole 5.000 reales, donados por el marido de la reina Isabel II; y se recibió, también, el regalo de un nuevo tabernáculo de 2.500 reales. En 1870 se reparó el coro y el artista Serapio Sierra construyó por 1.000 reales, el nuevo guarda-voz del púlpito. – En 1871 se recibieron los obsequios de un manto y corona de plata para la Virgen María. – En 1883-84, hubo varios obsequios, entre los que destacaría el dinero destinado a la construcción de un nicho para Nuestra Señora de la Concepción y para la adquisición de dos candeleros. – En 1885, el Ayuntamiento de Elgoibar construyó un nuevo cementerio en terrenos propiedad de Telesforo Monzón, y se recibieron en donación las imágenes de San Roque y San Juan Bautista. - En 1887-89, se construyó la nueva torre siguiendo los planos del arquitecto de Teruel, Alfonso Serón, con un coste de 18.679 reales y 6 maravedís. De este dinero se recogió poco más de un tercio vendiendo cupones, el aportado por los vecinos rondó el otro tercio, y lo restante se pagó de las arcas de la iglesia. A pesar de que el sacerdote local, Juan Bautista Berasaluze, pidió subvención al Ayuntamiento de Elgoibar, éste no la concedió porque no se incluyó en los presupuestos. – En 1894-95, se compró en Bilbao un nuevo armonium por 500 pesetas, gracias a las limosnas que concedieron unos bañistas; y entre otros obsequios recibidos destaca el traje negro completo de tul de la Dolorosa. – En 1895-96, se pintó y doró el altar de San Juan, se pintaron las rejas del presbiterio y el nicho de la Virgen de Lourdes. – En 1901, se instaló electricidad en la iglesia (cinco años antes se había colocado la primera lámpara eléctrica en Altzola, el 11 de octubre de 1896, y en torno al Balneario el 26 de julio de 1897, a petición del propietario Claudio Herranz; (EUA, 21/500, 579, 588) – en 1905, hubo regalos de un nuevo tabernáculo y de la imagen de San Antonio de Padua. – En 1908, se gastaron 5.894 reales y 18 maravedís en reparaciones generales, recogiéndose el dinero entre los vecinos. – En 1910, se colocó la luz en el pórtico.
Descripción de la iglesia: Los esquinales de la iglesia de San Juan Bautista, contrafuertes, estribos, arcos de la cúpula, fachada principal, parte de la torre y los vanos están construidos en sillería, mientras que el resto son de mampostería. Su planta es de cruz latina, con escasa salida de brazos transversales, estrecha cabecera, sobresaliendo el crucero hacia el exterior.
El tejado está construido a cuatro aguas. Por el exterior, zona de la epístola y entrada principal, se extiende el pórtico. La torre campanario, de sección cuadrada y rematando en flecha, está situada en la parte izquierda de la fachada principal y fue construida entre 1887 y 1889, teniendo la fecha grabada. Se siguieron los planos del arquitecto Alfonso Serón, de Teruel, y su coste fue de 18.679 reales y 6 maravedís. La torre, formada por cuatro arcos de medio punto, protege no sólo cuatro campanas, sino también el reloj del año 1867.
En la parte alta, tanto de la fachada principal como de la derecha, con acceso desde la calle, se incorporó en la década de los setenta del siglo XX a la iglesia, una nueva casa cural, aunque el párroco del momento la tuviera junto al río, rompiéndose con su construcción, lamentablemente, los criterios arquitectónicos y estéticos anteriores.
En su interior, la iglesia de San Juan Bautista es una iglesia de una sola nave, con un aspecto y proporciones dignos, máxime si la consideramos como una parroquia de un pequeño barrio de unos 200 habitantes aproximadamente. Está construida siguiendo los principios del estilo herreriano, con escasa y austera decoración, que se refleja en las paredes, contrafuertes y pilastras. Las bóvedas están sujetas por muros enfoscados y blanqueados y por cuatro estribos y pilastras de sillería.
Asimismo, el techo es abovedado, con bóvedas de arista en los tramos de la nave longitudinal, medio cañón en los dos tramos cortos de la nave transversal y cúpula con pechinas en el crucero. Las cuatro pechinas tienen sendos óvalos decorados con pinturas de los cuatro evangelistas: San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan, y con sus símbolos correspondientes del ángel, león, buey o toro y águila respectivamente. En 1944 aproximadamente, la cúpula fue pintada de azul y decorada con cuatro angelitos por Cándido Prieto y Juan Manuel Hernández, hasta que se suprimieron en la posterior restauración y remozamiento de la iglesia que tuvo lugar en el año 2016.
Desde el crucero se sube al presbiterio por tres escalones, formando un ábside rectangular en el que sobresale el retablo mayor. En el centro del retablo neoclásico, obra de Serapio Sierra realizada en 1868, se encuentra la gran figura de San Juan Bautista, patrón de la iglesia, en una hornacina, flanqueada por la Inmaculada Concepción y San José, y en el ático por Cristo crucificado. En el crucero y en hornacinas, en el lado del evangelio están la Dolorosa y en el lado de la epístola el Sagrado Corazón. Asimismo, en los machones iniciales del presbiterio se encuentran otras dos figuras: en la zona de la epístola San Luis Gonzaga y en la zona del evangelio la Virgen.
En el siglo XVIII la iglesia tenía tres altares con sus respectivos retablos, el de San Juan Bautista, de la Cruz y el de Nuestra Señora del Rosario. En el retablo del altar mayor estaban las esculturas de Santa Isabel con el nacimiento de San Juan Bautista, San Zacarías y un cordero (símbolo de Jesús), y en el remate Cristo (que podría ser el que está en el retablo actual). En el altar de la Cruz, en el centro estaba el Cristo Crucificado, pinturas de Santa María y San Juan y, en el remate, pinturas de Jesús, Santa María y San José. En el altar de Nuestra Señora del Rosario, en el centro estaba Nuestra Señora del Rosario, y pinturas de Santo Domingo y San Francisco. Además, en una hornacina de sillería junto al altar de la Cruz, se encontraban las siguientes esculturas: San Juan Bautista (que podría ser el existente en la parte trasera de la iglesia) con columnas, peana y remates dorados; Nuestra Señora del Rosario con vestido de seda, en andas (guardada en un armario de la sacristía); y Nuestra Señora de la Soledad, en el nicho del lado del evangelio.
A los pies de la iglesia se sitúa el coro alto, sostenido por una viga moldurada que va de muro a muro y cerrado por una balaustrada. El techo del bajo coro está revocado y pintado y en el centro aparecen las iniciales de Jesucristo en el centro del sol. En el fondo de la iglesia y en el muro del lado de la epístola se abren dos elementos adintelados. Estas dos puertas de sillería son preciosas, con sendas crucecitas labradas en la jamba derecha exterior y sendas aguabenditeras de sillería en su interior.
En la parte superior de los muros se abren seis ventanas rectangulares, cuatro hacia el sur o hacia el río y dos hacia el norte, simétricas la del crucero y la del fondo de la iglesia.
También en el interior de la iglesia, en el lado del evangelio, apoyándose en el estribo inicial del crucero, destaca el púlpito barroco de hierro forjado, que se supone fue del desamortizado ex convento de los Franciscanos de Sasiola (Deba) y se instaló aquí a principios del siglo XX. También hay una gran pila bautismal de piedra caliza del siglo XVI-XVII, que conserva restos de policromía. En esta zona del baptisterio está la imagen de San Juan Bautista, que es una talla pequeña, y en el muro hay un archivo con puerta de hierro forjado. El baptisterio tuvo su reja de cerramiento desde mediados del siglo XVIII hasta hace unos años.
En la sacristía se pueden distinguir dos partes, la antigua de finales del siglo XVI y principios del XVII, y la que se le añadió a principios del siglo XX, cuando se trasladó el cementerio al lugar actual. En la antigua destacaría los arcos carpaneles ciegos, las bóvedas de arista, la puerta de sillería de entrada a la iglesia y la elegante y austera pila de agua. En la sacristía se encuentran también las imágenes del Cristo Crucificado y de Nuestra Señora del Rosario.
Esculturas. Enumeraré solamente las que en mi opinión poseen mayor valor artístico.
San Juan Bautista. Se encuentra hoy en día en un pedestal situado en la parte posterior de la iglesia, en el muro junto a la pila bautismal. La víspera de San Juan se coloca en el altar mayor para salir al día siguiente en procesión. Esta pequeña imagen puede datar de finales del siglo XVI, de estilo renacentista, pero con rasgos populares.
En el inventario de 1741, se nos indica que en un nicho de sillería junto al altar de la Cruz había una escultura de San Juan Bautista con pedestal y columnas, y creemos que puede tratarse de la imagen mencionada. El 24 de junio de 1827, festividad del patrón de la iglesia, estrenó peluca. Asimismo, el altar mayor albergaba en 1741 otro conjunto escultórico de San Juan, que hoy falta: San Juan, recién nacido, con sus padres Santa Isabel y San Zacarías y un cordero (símbolo de Jesús de Nazaret).
Crucificado 1. En el inventario de 1741 se describe la existencia de un Cristo en el ático del retablo del altar mayor, y dado que en el mismo lugar existe todavía hoy una imagen con el mismo tema, pensamos que puede tratarse del mismo Crucificado. Si nos atenemos al estilo, tiene sin lugar a dudas todas las características propias del barroco (s. XVI.-XVIII).
Crucificado 2. Se encuentra en el muro delantero de la sacristía. Se menciona en el inventario de 1741 y continúa en el mismo lugar, sobre el mueble de cajones. El cuerpo de este Cristo tiene características renacentistas, basando la belleza en equilibrio y proporciones y no en emociones. Probablemente se esculpiría a finales del siglo XVI o principios del XVII.
Crucificado 3. Se encuentra en el muro del lado del Evangelio, en la parte trasera, cerca de las escaleras de acceso al coro. Está protegido por un mueble de madera en forma de frontón clásico, con preciosas obras de ebanistería trabajadas a mano. Cristo aparece vivo, con la cabeza girada hacia la derecha y los ojos hacia arriba, la anatomía del cuerpo y sus partes están hechas proporcionalmente y con naturalidad. Está realizado siguiendo los cánones del estilo neoclásico, siglos XVIII-XIX.
Nuestra Señora del Rosario. Actualmente se encuentra en un armario de la sacristía, encontrándose en 1741 junto al altar de la Cruz. Entonces, esta escultura tenía peana (también hoy en día) y estaba vestida de seda. El vestido de tul que hoy tiene bordado en plata le fue regalado en 1895. La madre y el niño tienen una expresión natural, y el pelo de María también lo es, ya que procede de la cabellera de una niña de Altzola, y tiene las características del estilo barroco, siglos XVII-XVIII.
Virgen de la Soledad. En el inventario de 1741 se encontraba junto a la imagen de Nuestra Señora del Rosario, cerca del altar de la Cruz. Hoy está en un nicho, en el crucero del lado del evangelio. El vestido negro de tul que luce se lo regalaron en 1895. Es una imagen barroca (siglso XVII-XVIII), que es sacada en procesión juntamente con la escultura de San Juan Bautista, el día 24 de junio.
Pila bautismal. En el fondo de la iglesia, en el bajocoro, se encuentra esta pila bautismal del siglo XVI. Está construida en dos tramos, sosteniendo un pilar la pila semiesférica, que tiene restos de policromía.
Púlpito. Este púlpito de hierro forjado se sostiene en el estribo inicial del crucero del lado del evangelio. Es de estilo barroco y se trajo del antiguo convento franciscano de Sasiola a principios del siglo XX.
Pinturas. Antes hay que aclarar que no eran lienzos sueltos y aislados, sino elementos de los retablos. En el inventario de 1741, se menciona que en el altar de la Cruz había las siguientes pinturas: las de Cristo Crucificado, Santa María y San Juan en el centro del retablo, y las de Jesús, Santa María y San José arriba; y en el centro del altar del Rosario las pinturas de Nuestra Señora del Rosario, Santo Domingo y San Francisco. Si bien desconocemos quién realizó estas pinturas, sí nos ha llegado escrito que en 1828, el pintor Juan Bautista Chiriano, renovó los citados lienzos de estos altares del Rosario y de la Cruz.
Por último, cabe señalar que esta sirvió de hospital parroquia contó en su jurisdicción con dos ermitas, la más antigua, del siglo XVI, la de la advocación de San Antón y San Juan Evangelista, que también, como hemos mencionado al principio. La segunda ermita, la de la Concepción, que también fue particular y fue ordenada construir por Manuel López Lasalde, señor de la casa-torre Olaetxea, en 1629. En 1863 se derribó parte de esta ermita de la Concepción para hacer el nuevo camino real, acabándose de demoler por completo en 1953. La de San Antón, por su parte, sería derribada a finales del siglo XIX, para edificar la casa denominada Sucursal del Balneario.
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Inventarios de la iglesia |
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Año 1741. Alhajas de plata: Primeramente se pone por inbentario la Cruz mayor de plata con sus bultos de lo mismo, en la una parte el santísimo Cristo crucificado y en la otra de San Juan Bauptista, y a su pie en el grueso del torneado las efijies de los quatro Doctores de la Iglesia. Otra Cruz de plata pequeña con su peana para poner en el altar mayor. Y otra Cruz de lo mismo para el guión. Yten tres cálices con sus patenas, la una y su patena doradas y las otras dos doradas solo por la parte interior y superior. Yten el copón del sagrario de plata sobredorada. Yten un remate de custodia de plata que por una parte tiene el cristal quebrado y por su pie sirve uno de los pies de los tres cálices expresados. Yten un pectoral de plata con su copón interior para administrar el biático. Yten una ampolleta de plata para tener la santa unzión. Yten una crismera de plata con sus tres ampolletas. Yten un incensario de plata con su naveta de lo mismo. Yten dos pazes de plata con sus efijies de San Juan Bauptista. Yten un baso de plata que sirve para dar agua en las comuniones. Yten una lámpara de plata que sirve para la luminaria. Ornamentos. (Labur-labur) Tres capas ..., tres ternos..., nueve casullas..., doce antealtares..., el paño de palio..., el pendon ..., dos estandartes nuebos..., seis corporales..., dos facistoles..., once paños..., nuebe albas con sus amitos y cingulos, cuatro roquetes para el sacristan y acólitos, dos tuallas..., tres misales y dos manuales. Yten un Santo Cristo sobre la cajoneria de la sacristía. Un espejo. La dicha cajonería con tres cajones y a los lados dos armarios con sus puertas todo de ensamblaje. Una mesa..., una arca de tres llaves... Dos ciriales de madera torneadas y doradas por su remate. Una linterna para acompañar a nuestro Señor. Doce candeleros de latón... Dos lámparas de latón en los dos altares de la Cruz y del Rosario. Una basina grande de latón y otras dos de estaño para las postulaciones. Yten en el campanario dos campanas medianas con su reloj..., otra campana pequeña en la sacristia, otras tres campanillas en los altares. Yten el altar mayor con su corateral y gradería, y en medio sacados en talla, los bultos de Santa Isabel Nuestra Señora con el Nacimiento de San Juan Bauptista y San Zacarias y un cordero y todo lo que coje los bultos y el misterio dado de barniz y en el remate el Santo Cristo. Yten el altar de la Veracruz con su corateral y en medio pintura del Santisimo Xptto crucificado Nra Sª y San Juan, y en el remate pintura de el Jesus Nra Señora y San Jpsph. Yten el altar de Nra Señora del Rosario con su corateral y en medio pintura de Nra Señora del Rosario Santo Domingo y San Francisco. Yten al lado del altar de la Veracruz un nicho de piedra labrada y en el un bulto de San Juan Bauptista con sus columnas y peana y remate dorado; un bulto de Nra Señora del Rosario en andas con su guarniciones adornadas de seda y otro bulto de Nra Señora la Soledad; tres atriles, un facistol, seis bancos junto al altar mayor que sirven para poner las cosas necesarias para los oficios divinos y asiento de los señores sacerdotes. Yten tenia dicha iglesia para la luminaria un zenso de 300 ducados de principal... Año 1764. Teniendo en cuenta el de 1741 son de destacar los siguientes bienes: Yten la custodia nueba, que aíi vien consta en la citada quenta, que pesa dos libras y seis onzas. Yten un confesonario nuebo de coste de 300 reales que contiene la citada quenta. Yten la tierra heredad sembradía de medida de 266 posturas de a 18 reales de vellón cada una... sita debajo de la caseria de Lizundia. Yten posee dicha iglesia y su fábrica un monte jaral de 1.101,50 posturas ... a la parte de la casería de Verazeta... Yten un suelo de casa en este mismo lugar junto la hermita de San Anton ... Yten una tierra sembradía perteneciente al dicho suelo de casa de 28 posturas y cuarta... Yten una tierra castañal perteneciente a dicho suelo de casa ... de 89 posturas con 28 pies... Yten un censo de 1200 ducados de vellón ... Yten otro censo de 814 ducados 3 reales y 22 maravedís de vellón ... Yten otro censo de 1.272 reales y 11 maravedís. Yten otro de 927 reales y 23 maravedís de vellón de principal a favor de dicha obra pía de la escuela, con 18 reales y 19 mrs de réditos al año ... Yten otro censo de 1.300 reales de vellón al año impuesto a favor de dicha obra pía del maestro escuela por ... Yten otro de 682 reales y 14 maravedís de vellón de principal con 13 reales y 22 maravedís de rédito al año, a fabor de dicha obra pía por Joseph de Curuzelaegui, vezino de dicha villa de Elgoibar, dueño de la expresada caseria menor de Urcaregui, por mi testimonio el día 20 de marzo del año de 1762. Y quanto se lleba inbentariado y relacionado es lo que tiene dicha iglesia parroquia aneja en alajas hornamentos para el servicio de su culto dibino y de vienes y censos a su fabor, y de dicha obra pía del maestro escuela de la que son patronos únicos y primitibos, el cura y parroquianos vezinos de este dicho lugar, conforme a la voluntad que manifestó su fundador don Pedro Bauptista de Retana y Lascurain, que fue bauptizado en dicha parroquia y natural del valle de Mendaro, que fallezió en el reyno de Nueba España y valle de Santhiago, el día 2 de abril del año de 1744. |
Arco-portada de los Muguruza en la calle Santa Ana
Este arco-portada de los Muguruza, situado en la calle Santa Ana, 8 (frente al inicio de la cuesta a la estación de tren), fue durante años la entrada principal de la casa familiar. Lo pusieron para articular el solar, y una vez pasado el arco-portada con su puerta enrejada de hierro, se llegaba a la casa por el jardín. Actualmente se encuentra en la parte trasera de la Casa Consistorial, cerca de donde estuvo, ya que la familia lo donó a la villa.
El arco y la casa se han conocido durante muchos años en el pueblo con el sobrenombre de Katanarra, un apodo que se le puso a un antepasado, Antonio Muguruza Etxeberria (nacido en 1784), posiblemente, abuelo del ingeniero Domingo y bisabuelo de los arquitectos Pedro y José María y de los demás hermanos/as. Parece que era un gran atleta y paseante, y como tenía la costumbre y la habilidad de subir a los lugares altos, le pusieron el cariñoso apodo de Katanarra.
Los hermanos Pedro y José María Muguruza Otaño, trajeron de Antzuola en 1941, este arco-portada que cuenta con una larga historia. Magdalena Oñaz y Loiola, hermana de San Ignacio de Loyola, mandó construir este elemento arquitectónico renacentista en la casa torre Etxeandi o Galardi-Torre (Zurraderokua) de Antzuola, a principios del siglo XVI. De hecho, doña Magdalena Oñaz puso el arco-portada, como dote, en la fachada principal de la casa-torre, tras su matrimonio con el mayorazgo de Etxeandi, don Beltrán López de Gallaiztegi Ozaeta.
Entre los motivos de su traslado a Elgoibar, cabe destacar, por un lado, que Matilde Berroeta Bengoa, vecina de Bergara, abuela de los Muguruza Otaño, era descendiente de los Loiola, por lo que de esa forma pudieron adquirir este elemento arquitectónico; y por otro, como tenían intención de derribar la casa torre de Etxeandi, la familia Muguruza tomó la decisión de recoger el arco-portada, y colocarlo en su casa.
Cuando los hermanos arquitectos Muguruza colocaron el arco-portada de la casa torre Etxeandi de Antzuola, en el acceso a su solar de la calle Santa Ana, lo enriquecieron con arcos apuntados geminados y otras figuras y símbolos etnográficos de la estética vasca, es decir, añadieron su aportación a la obra de arte renacentista de la construcción original.
En 1969, los hermanos José María y Matilde Muguruza Otaño, ya fallecidos sus hermanos María José, Antonio, Domingo y Pedro, vendieron la casa levantada por su abuelo, para construir nuevas casas en aquel solar, ofreciendo el arco-portada al Ayuntamiento de Elgoibar. La máxima institución local aprobó en sesión plenaria celebrada el 23 de julio de 1969, la oferta y se comprometió a instalarla en el parque que debía construirse junto a la casa consistorial. De lo contrario, la Compañía de Jesús (arco-portada correspondiente a la dote de la hermana de San Ignacio), tendría la oportunidad de llevarse el elemento arquitectónico, tal y como se reflejó en el acuerdo suscrito con el Ayuntamiento en 1969.
A pesar de esta buena intención, el arco-portada fue desmontado y los sillares permanecieron en un almacén municipal, y hasta mayo de 1985 no se redactó ningún proyecto arquitectónico para su puesta en valor y, además, se tardó otros doce años en erijirse en el lugar que hoy ocupa. Pero hay que aclarar que los elementos anejos (arcos apuntados gemelos y otras figuras y símbolos de la estética vasca) que los Muguruza diseñaron y colocaron en la parte alta y a ambos lados del arco, en la nueva ubicación y reconstrucción los han situado en la parte superior.
Así, en la actualidad, afortunadamente, este arco decorativo articula la calle Santa Ana y el parque de los Derechos Humanos, donde en la parte superior central se ha añadido un sillar que contiene un texto grabado mostrando su agradecimiento a la familia Muguruza: ELGOIBARKO HERRIARI ARKU HAU EMATEAGATIK MUGURUZATARREI ESKERTUZ 1997.08.23. Se inauguró, por tanto, en esa fecha señalada, al comienzo de las fiestas de San Bartolomé, tras la solemne Salve dedicada a su Patrón mayor. Hay que señalar que al acto asistieron no sólo las autoridades y muchos vecinos de la localidad, sino también algunos miembros de la familia Muguruza.
Arco de la casa torre de Jausoro
Este arco está situado encima de la actual rotonda del puente de Txankakoa (también denominado Ugalbide antiguamente) de la villa, y fue instalado una vez que se urbanizó este entorno en 1995, tras derribarse el viejo convento de Santa Clara (1533-1976), la ermita del Salvador (1557-1953) y las casas (Paskual-enea, Aiesti edo Aristinea y la de Ferra-toki) frente al mismo puente y al comienzo de la calle Santa Clara, un poco antes de hacer la rotonda. Convendría también recordar que hubo una hilera de casas enfrente del citado convento y su iglesia, paralelas al río, que se derribaron anteriormente, en 1953, para habilitar la actual carretera N-634.
Dicho arco ojival es de origen medieval y perteneció a la casa-torre de Jausoro, situada muy cerca de este lugar, a escasos cien metros, en las cercanías donde la regata de Aiastia desemboca en el río Deba, lugar que recibía la denominación de Urazandi. Dicha casa perteneció al matrimonio formado por Pedro Gonzalez de Jausoro y María Ramus de Sarasua, que donaron tanto este edificio, como otros contiguos y sus bienes, para fundar el monasterio de Santa Clara en 1533.
El arco formando una hornacina excavada en la roca, cobija la imagen del Ecce Homo o Salvador, que perteneció a la ermita del mismo nombre sita a escasos metros de este lugar, y fue tallada por el conocido escultor eibarrés, Juan Bautista Mendizabal, en 1791. Esta figura, después de demolido el oratorio del Salvador, estuvo en la parroquia San Bartolomé durante muchos años, hasta que al fin se colocó en este lugar.
El Ecce Homo o Salvador es de una gran expresión, transmitiendo un profundo sentimiento religioso de tal forma que era una de las imágenes que se portaba a hombros en las procesiones de la Semana Santa elgoibarresa.
Iglesia de Santa Maria Magdalena
Iglesia de Santa Maria Magdalena
Se encuentra en el Arrabal, al final de la calle San Francisco, en la plaza de Maala, adherida a la residencia de San Lázaro. Este oratorio es conocido desde la Edad Media; estaba junto al hospital (desde el siglo XV, por lo menos) y en la inmediatez de un importante cruce de caminos. Según el medievalista Elorza, la fundación de este centro de culto se pierde en la nebulosa de los tiempos.
Tal como sostiene Elorza, la iglesia de la Magdalena estuvo muy vinculada a la actividad de las ferrerías elgoibarresas, de ahí que el cabildo del fuero de las ferrerías se reuniera en esta ermita. Además, uno de los responsables de esta institución, Martín Sanchez de Arriaga, señor de la casa de Karkizano de suso, mandó en 1479, que se colocara en ella la imagen del Espíritu Santo. Asimismo, familiares de miembros de dicho cabildo ferrero, sucesores de los solares de Karkizano-torre y Lasalde, contrajeron matrimonio en esta iglesia de la Magdalena en 1482.
Elorza nos da información de obras que se realizaron en esta ermita en la Edad Media. Así, el señor de Karkizano yuso, Rodrigo Gonzalez de Karkizano, ofreció en 1490, una respetable cantidad de dinero para las obras que se acometían en la misma. Más tarde, Francisco de Mispillibar hizo un donativo de dos ducados para la capilla que se iba a construir en esta iglesia. Por su parte, el Concejo dio orden en 1570 para levantar el pórtico y blanquear los pilares del interior de este centro de culto.
Según opinión del finado historiador Ecenarro, antes de entrar en funcionamiento la nueva iglesia de Kalegoen, por estar la parroquia de Olaso lejos de la villa y, debido a la cercanía de esta ermita de la Magdalena, el culto religioso se concentraba sobre todo en este lugar. En ella se celebraba la eucaristía, se custodiaba el óleo de los enfermos y tenían lugar muchas bodas, funcionando como accesoria de la parroquia. Sin embargo, estoy de acuerdo con Elorza, cuando dice que la ermita de la Piedad cumplió con esos cometidos más que la de Magdalena, aunque habría que añadir que esta ermita tuvo una corta vida, al fundarse sobre ella el convento de San Francisco en 1516. Ya al desaparecer la Piedad, continuó la iglesia de la Magdalena ofreciendo dicho servicio, hasta construirse la iglesia de Kalegoen o la ermita anterior a ella.
Asimismo, Maala y la iglesia de la Magdalena fueron punto de arranque o término medio de muchas procesiones, estando la parroquia en Olaso o en Kalegoen. También la cofradía de la Cruz se fundó en esta ermita de la Magdalena y no en la parroquia de Olaso, y cuando se hizo la parroquia nueva en Kalegoen se trasladó allá esta hermandad. Además, santos de especial devoción para los elgoibarreses, como fueron San Sebastián y San Antón, recibieron culto en esta ermita.
Según Ecenarro, tal como ocurre en ermitas-hospitales del Camino de Santiago, imágenes significativas de cuatro santos/as estuvieron presentes en los altares de la iglesia de la Magdalena: Santa Maria Magdalena, San Sebastián, San Antón y Santa Catalina. Éstas, además de avivar la devoción religiosa, aumentaron la atracción hacia esta ermita. San Antón (uno de los patronos de la villa) aquí tuvo su altar y no en la parroquia de Olaso, siendo el Ayuntamiento el encargado de organizar su culto.
Relacionado con esto, debemos decir que esta iglesia desde el siglo XVI tuvo los siguientes altares: en el altar mayor, el retablo de María Magdalena con su imagen y el sagrario, teniendo arriba la cruz; la imagen del Espíritu Santo con su retablo y caja; en el altar del lado este, la imagen de San Antón con su retablo y caja, (anteriormente, en este lugar estuvo el de Santa Catalina, virgen y mártir); por último, en el altar del oeste o hacia la calle, la imagen de San Sebastián, asimismo con su retablo y caja.
Sin embargo, en el inventario de 1788 se cita ya un único altar, con las imágenes mencionadas anteriormente y la Virgen del Rosario integradas en él. Ahora bien, no sólo estuvieron los retablos y esculturas mencionados anteriormente, sino que también en los muros derecho e izquierdo estaban pintadas en tabla y lienzo las armas reales y las de de la villa, además de las figuras de San Antón, San Sebastián y la Virgen María. Estas pinturas fueron realizadas en 1617 por el artista Pedro de Etxebeste y restauradas en 1675 por Diego de Mugarrieta, artista que pintó también la bóveda de la iglesia de Olaso en esta época.
Cuando entre 1981 y 1985 se construyó la nueva residencia y se renovó la iglesia, se quitó del ábside un retablo rococó en madera (segunda mitad del s.XIX), que estaba dedicado a la Milagrosa. Ésta estaba en lugar principal, en el centro y en un nicho, con la imagen de Santa Catalina de Laboure, de rodillas. Asimismo formaban parte del retablo, Santa María Magdalena en el ático en medio de dos angelitos, y a los lados el Corazón de Jesús, San Vicente de Paul (fundador de las Hijas de la Caridad), San José con el niño y Santa Luisa de Marillac (fundadora de las Hijas de la Caridad). También existía una imagen de San Antonio en la iglesia por la misma época, debajo del coro.
En la restauración de la ermita de la Magdalena llevada a cabo en los años ochenta del siglo XX, redujeron el espacio interior, presentando actualmente el tamaño semejante al que tuvo en 1835. Entonces, a consecuencia de la devastadora riada de 1834, en la reforma que hicieron un año después ampliaron el hospital con dos salas más, reduciendo el espacio de la iglesia. Desde el punto de vista arquitectónico, destacaría la piedra de sillería utilizada hasta la altura de las dos ventanas, así como el cerco de éstas y las puertas, hechas con el mismo material. Entonces colocaron en la pared izquierda la imagen de Santa María Magdalena, realizada por Felipo de Borgoña en 1553, que había estado hasta entonces en el altar, delante mismo de la puerta de acceso. Esta hermosa imagen fue hábilmente restaurada en el año 2015, por la restauradora Marta Ferrero. En el informe técnico que realizó al final de su excelente trabajo, incluye las siguientes características de ella: dimensiones, 105 x 49 x 33 cm.; técnica, madera policromada y complementos en metal.
A finales del año 2011 y comienzos del 2012, se hicieron nuevos trabajos de restauración en la iglesia, llevándose a cabo éstos con gran corrección y sensibilidad, y abriéndose de nuevo al culto en el mes de marzo. Destacaría las bóvedas de aristas con arcos de madera y la sillería hasta mitad de los muros. Asimismo, el soportal denominado Malape que se había demolido unas décadas antes, y recordábamos con melancolía, se rehizo de nuevo en marzo de 2011, por cierto, con gran elegancia.
Los últimos trabajos de restauración arquitectónica han requerido una nueva distribución de santos y santas en el espacio interior de la ermita, teniendo en cuenta criterios litúrgicos y teológicos, conservando algunas imágenes que existían en el siglo XIX, que han sido dispuestas en los muros absidal, izquierdo y trasero. Así, en el ábside encontramos la Cruz de estilo barroco (traída de la iglesia del convento de Santa Clara), en el centro, la Virgen María Milagrosa de la segunda mitad del s. XIX, a la derecha, y Santa María Magdalena de estilo renacentista, a la izquierda.
En la pared izquierda se encuentran el Sagrado Corazón y San José con el niño, y en la pared trasera San Vicente de Paúl, San Antonio con el niño y Santa Luisa de Marillac con una niña. Por tanto, hoy en día sólo falta Santa Catalina de Labour, si lo comparamos con las imágenes del retablo de la segunda mitad del siglo XIX. Hay que señalar que la imagen de San Antonio con el niño, ha cambiado de lugar.
La familia Ibarra de la cercana casa torre Ormaetxea, situada detrás del desaparecido caserío Etxezuri, sin poseer el patronazgo de la iglesia, consiguió en 1562 el preceptivo permiso para ser sepultados en ella. El capitán de infantería, Juan de Ibarra, formalizó un acuerdo con los sacerdotes de la parroquia de Olaso, por el que, a cambio de pan, cera y carne, se le concedía ese derecho de sepultura. Juan enterró a su madre en la iglesia de la Magdalena, y, más tarde, a partir de 1563, fue enterrado él mismo en dicha sepultura, así como su hijo y otros miembros de su familia, a pesar de que el Ayuntamiento, a partir de comienzos del siglo XVII, prohibiera a los Ibarra realizar inhumaciones en este lugar. El Ayuntamiento argumentaba que la iglesia de la Magdalena era de patronato real y municipal, por lo que hizo pintar las armas reales en las paredes, tal como aparece en el inventario de 1640 de dicha iglesia.
En 1823, aún estaba en funcionamiento la capellanía creada por el capitán Juan de Ibarra, porque se rezaba una misa diaria en la ermita. Además, esta familia legó 500 ducados para el reparo y trabajos de construcción de la iglesia. También otros Ibarra, continuaron realizando ofrendas a la misma.
Este era el caso de los de la casa-torre Ormaetxea, que se consideraban patronos de esta ermita de la Magdalena, Margarita Maria de Astigarribia, viuda de Juan de Ibarra y madre y tutora de Juan de Ibarra Elormendi, solicitó en 1627 al obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada, que el Santo Sacramento de la Eucarístia permaneciera en la Magdalena, y no se trasladara a la nueva iglesia que estaban construyendo en Kalegoen, y por este motivo acudió a los tribunales en contra del Concejo. El obispo inmediatamente dio su veredicto a favor de trasladar la Eucarístia a la iglesia de Kalegoen, decisión que el Ayuntamiento llevó a cabo más tarde.
De esta forma quedaron recogidas literalmente en el libro de finados de la parroquia de Olaso, algunas de las últimas voluntades del capitán Ibarra: Mandó el capitán Joan de Ibarra en su testamento, el cual murió en Baabon viniendo de la Corte de S.M., el día de Corpus para el amanecer del año 1563 años, 500 ducados a la fábrica de la Madalena de Elgoibar y, más, 15.000 maravedis al cabildo de Olaso para una misa perpetua y cada día digan en la dicha hermita de la Madalena, donde está el mismo y su madre sepultados…
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Inventario de los bienes de la ermita |
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Año 1606. Primeramente se inventarió la propia iglesia y ermita con su campanario y campana con cinco altares en ella, y en el altar mayor el sagrario del Santisimo Sacramento y la imagen de Santa Maria Madalena en su retablo dorado, y en lo alto un crucifijo, y en otro altar que está más a la derecha la imagen de la Santísima Trinidad en su caja y retablo, y en otro altar que está al oriente la imagen del señor San Antón en su caja y retablo, y en otro altar que está inicial... la imagen de Santa Catalina virgen y mártir en su caja y retablo, y en lo último que está a la misma parte, la imagen del señor San Sebastián en su caja y retablo Ytem dos armarios con sus puertas de fierro en el uno que está el vaso de la extremaución, en el otro bajero los cálices y copa del santísimo sacramento para cuando se saca para los enfermos. Ytem una cruz de plata con su Cristo de plata con sus extremos dorados y a los pies de Cristo un ojo de cristal dorado .... Ytem tres cálices de plata con sus patenas, y el mayor nuevo y dorado en todo y grabado por de fuera ... de 44 ducados poco más o menos, y el otro también dorado en todo llano, y el tercero dorado en partes dentro y fuera d´él ... Ytem en el sagrario una copa de plata dorada. Ytem el santísimo sacramento con su cruz al lado, y el otro que está en el armario y también de plata dorada en los extremos y grabada con su taza y cruz de encima ... Ytem una lámpara de ... y otra de .. Ytem una imagen de Nuestra Señora de pincel en tabla. Ytem dos misales... Casullas, velo, paño, frontal, dos antealtares, otros frontales, Ytem un palio. Corporales, candelas, candeleros, cruces de madera, Ytem un púlpito y ocho piezas de lienzo pintado para el monumento del jueves santo en su caja de tabla. Mas frontales. Sábanas, manteles, una cortina, seis bancos y una mesa. Ytem un manzanal y huerta detrás de la iglesia. Ytem un manzanal... Ytem la casa de las freiras... Ytem un farol, un atril,, una campanilla, dos vinajeras.... |
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Año 1640: Primeramente una cruz de plata con su crucifijo. Ytem dos cálices de plata... Ytem un incensario de plata. Ytem una copa de plata donde se lleva el santísimo. Ytem un pectoral de plata donde se lleva el santísimo a las casas. Ytem un terno blanco... Frontales. Ytem dos palios. Ytem una capilla de tafetán colorado con su tabla... para la administración del Santisimo en la villa. Manteles, casullas. Una campana, una campanilla para cuando se alza el Señor en el altar mayor y el monumento del Jueves Santo. Una copa que sirve en el sagrario con el Señor. Dos vasos de plata para los óleos. Una lámpara de latón y dos candeleros de lo mismo, y dos candeleros grandes de fierro para el altar mayor. Corporales, aguamanil, cingulos. Ytem un estandarte de tafetán. Ytem una cruz sobre el altar mayor; un retablo con la imagen de la Madalena; un retablo con la imagen de la Santa Trinidad; otro retablo con la imagen de San Antón; otro retablo con la imagen de Santa Catalina; otro retablo con la imagen de San Sebastián. Ytem las armas de S.M. y de esta villa en dos tablas y lienzos puestos en los lados derecho e izquierdo con sus letreros, colgados en lo alto de las paredes. ... Censos en poder de Gregorio de Albizuri... al presente en la ciudad de Sevilla… |
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Tambien existe el de 1661, pero es una repetición de los anteriores. |
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Año 1756: ... tres altares. En el altar mayor arriba la imagen y bulto de Santa María Magdalena, y abajo la imagen de Nuestra Señora del Rosario con dos gradas, sagrario y sus adornos. En el altar de la parte del evangelio un bulto del Padre Eterno, y otro de San Antonio abad en nicho de madera. En el otro altar, los bultos de San Sebastián y Santa Catalina, y un cuadro de pintura de Nuestra Señora. |
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Año 1788: Primeramente un cáliz de plata con su bulto en medio del mismo de Jesucristo Nuestro Señor Crucificado, renovada y de cosa de 4 palmos de larga. Dos purificadores y unos corporales... Ytem se ponen por inventario una bolsa de corporales de tela roja laboreada, un sobrecaliz de tafetán rojo nuevo y otro cansado de tafetán blanco, tres casullas con sus estolas y manipulos, una alba cansada con su amito y cingulo... Ytem se inventarian un misal con su atril y dos candeleros de bronce... Ytem se describen y ponen por inventario dos vinajeras de cristal, una campanilla rota de metal, un atril para cantar epístolas y evangelios, una cruz de madera, una mesa grande con su escritorio o cajón para custodia de ornamentos y un facistol de coro, con declaración de que la cruz de fierro que resulta del anterior inventario ... se halla puesta y existe en la nueva espadaña. Dos antealtares... Un paño pequeño de lienzo para lavatorio... El altar mayor, único actualmente en la citada hermita, con su mantel de lienzo muy viejo y roto, y la ara, dos crucecillas de palo y un cuadro en que se hallan escritos Gloria in excelsis, credo, palabras de la consagracion y otras oraciones; un colateralcillo, y en la parte inferior de él el bulto de Nª Sª del Rosario con dos gradas y sagrario, y en la parte superior el bulto de Santa Maria Magdalena. Al lado de la epístola el del Padre Eterno, y al lado del Ebangelio el de Santa Catalina y San Sebastián con su nicho o anda, y un cuadro de pintura de Nª Sª, una mesa grande cuadrilonga y un bulto de San Antonio Abad desfigurado, con su peaña de madera. Una lámpara de vidrio rota, y una pintura vieja de armas de esta villa, con declaración de que la otra pintura vieja de las Armas del Rey ... se rompieron al tiempo de la ejecucion de las nuevas bóvedas... La campana mayor que se halla en la citada espadaña, un confesonario..., una tarima al pie del altar, seis banquillos largos, unos pedazos de madera para cimbrias y las llaves de la puerta de la sacristia y de la principal ... |